Parte 17: Todos los artificios de la humanidad

 

Todos los artificios de la humanidad.

 

*Los diálogos titulados en cursiva indican conversaciones mentales.

 

Yvette: Jürgen… cariño… ¿qué pasa?

Habían pasado un par de años desde que Jürgen despertara en medio de pálpitos acelerados, la respiración sofocada y una sensación de quemaduras en su espina dorsal, irónicamente combinada con un tremendo frío en el cuerpo.

Jürgen: No lo sé… no entiendo nada.

Yvette: Vamos… arriba… debemos calmarte.

Definitivamente no entendía nada, la situación era lo suficientemente grave como para alertar a Yvette, donde fuera que estuviera. Abrir los ojos en una situación así le parecía una adición a su tortura, pues lo único que podía atenuar uno de estos episodios era cerrarse completamente al mundo exterior. Había despertado varios minutos antes con el corazón descontrolado, pero la ansiedad avanzó a tal punto que su Vínculo comenzó a brillar, en señal de estar alertando al gemelo que poseía Yvette.

El techo de los dormitorios, alto y amplio, denotaba la frialdad que caracterizaba al Centro de Acoplamiento, al elevar su torso para quedar sentado sobre la pequeña cama, Jürgen contempló a sus compañeros en profundo sueño, lo cual era esperado dado el cansancio que a todos les provocó la expedición del día anterior. Una débil luz azulada protagonizaba la iluminación de la noche en aquel amplio salón, entrando por las altas ventanas y dejando su rastro rectangular en el enorme pasillo que llevaba a la única salida del lugar.

Yvette: Vamos, sal de ahí.

Jürgen: Pero, los guardias…el Prefecto.

Yvette: Sólo sal de ahí, yo me encargo del resto.

Sin mayor cuestionamiento, Jürgen abandonó sus sábanas, y comenzó a caminar descalzo a través del pasillo, en busca de la puerta que podía sacarlo del recinto. Tomando profundas inhalaciones, avanzaba sintiéndose intoxicado, mirando a lado y lado, porque sentía que el mundo se encogía en dirección a él.

Supuso que Yvette se encargaría del ruido del cerrojo, o del guardia que podría estar detrás de la enorme puerta, así que procedió a abrirla con premura. Al salir, se encontró con aquel guardia del Ejército Germano, pero tenía la mirada petrificada al igual que su cuerpo erguido, Jürgen incluso ignoró los síntomas de su aflicción para detener su marcha, y pasar una mano en frente del rostro del pobre hombre, para verificar si de verdad estaba neutralizado.

Yvette: Vamos, no tienes mucho tiempo.

A pesar de que lo que Jürgen e Yvette llamaban enfermedad de la mente, solía llegar con una serie de síntomas que podían acaparar la totalidad de su atención, el último de aquellos síntomas era el triunfo de un miedo irracional en todos sus pensamientos: miedo a romper en llanto y ser humillado por sus compañeros, miedo a ser descubierto por los guardias, miedo a ser expulsado del Centro de Acoplamiento, miedo a quedarse sin respiración y morir tirado en la grama que ahora trataba de recorrer con sufrimiento en cada paso.

Yvette: Vamos al bosque.

Jürgen: ¿Al bosque?

Ahora, en medio del enorme campus, Jürgen no halló mayor solución que correr, correr de sus pálpitos agitados, de las quemaduras en su espina dorsal, de sus manos temblorosas, o del zumbido en su cabeza, que prácticamente anulaba el ambiente externo a él. Tal vez se lastimaría los pies descalzos, pero eso poco le importaba, había aprendido que en medio del pozo de miedo al que solía enfrentarse de vez en cuando, seguir los consejos de Yvette era la mejor idea.

La luna a medio crecer iluminaba la noche lo suficiente para evitar que pudiera tropezarse o desviarse del camino, incluso pudo contemplar, en medio de su carrera, el enorme salón de las cocinas, los establos, el complejo de salas donde se instruían algunas de las clases, el pequeño puerto donde reposaban las embarcaciones que llevaban a los cadetes a los campos de entrenamiento o a las ocasionales expediciones.

Al final, sólo podía fijarse en el reflejo de la luz lunar sobre el Lago de la Serpiente, siendo ésta su única guía en busca de la salida norte del complejo donde se daba su estadía. Sólo habían pasado dos semanas desde que el Centro de Acoplamiento se convirtiera en su nuevo hogar, por lo que lo único que sabía, a partir de los rumores de sus compañeros, era que la salida norte daba al profundo bosque, cuya extensión, se decía, acaparaba tres cuartos de la propiedad en la que el Barón Von Schwarzenberg erigió su escuela.

La carrera de Jürgen se detuvo unos metros antes de la puerta norte que buscaba, cuando se vio deslumbrado por la luz de uno de los reflectores de las torres que custodiaban aquella entrada. Sin embargo, no escuchó voz de alerta alguna, cuando detuvo su pánico para observar a su alrededor, notó guardias en las torres y al pie de éstas, apuntándole con sus rifles, pero petrificados, al igual que aquel con quien se topó en los dormitorios.

Yvette: Salta.

Un salto lo puso por fuera de los límites del complejo, al caer con un rollo en el polvoso camino que seguía en adelante, se preguntó por qué aquellos episodios de la enfermedad de la mente hacían que incluso olvidara el nivel de sus capacidades ¿y si le ocurría en un momento de vida o muerte?

El inicio del bosque exponía la altura de los árboles que comenzaban a rodear a Jürgen, y a ocultar la luz de la luna. Ahora, avanzar lentamente implicaba el retorno de sus temores, y los dolores que estos traían a su cuerpo, hasta el punto en que un frío en la espina dorsal detuvo su marcha en medio de la oscuridad.

Jürgen: ¿Yvette?

Los ruidos sordos del bosque se entremezclaban con los alaridos que imaginaba en su cabeza.

Jürgen: ¿Yvette?

De repente, Jürgen vio pasar por su lado, a toda velocidad, a una figura brillante que siguió su camino a toda velocidad, ligeramente iluminando la escena.

Yvette: ¡Vamos! ¡Sígueme! Antes de que los guardias despierten y nos escuchen.

La pequeña figura tomó una pausa, y miró hacia Jürgen en señal de espera, para luego seguir avanzando. Era una liebre, y Jürgen se apresuró a seguirla. Al inicio no pudo evitar tropezar con ramas, piedras y árboles que le era imposible ver con la mínima luz que percibía, pero instintivamente fue acoplándose al ritmo del animal de luz blanca, hasta poder concentrarse completamente en ponérsele a la par.

Jürgen no pudo darse cuenta del momento en que la velocidad que llevaba junto a la liebre de Yvette le había permitido alejarse con creces de la salida norte del Centro de Acoplamiento, ni de cómo había recuperado la plena consciencia de su ambiente, técnica que le había enseñado Yvette cuando apenas se conocieron.

Tampoco pudo notar el momento en que su respiración comenzó a fluir con armonía, y el zumbido en sus oídos desapareció junto con las quemaduras en su espina dorsal, y la sensación de pánico que lo había llevado a aquel lugar.

Ahora sólo le preocupaba seguir a su liebre luminosa, sintiendo el gélido golpe del viento en su cara, así como la presencia de cada objeto que lo rodeaba. No podría tropezar nunca, pues sentía la posición y respiración de cada hoja que se le acercaba, así como la forma en que vibraban cada roca, cada gránulo de tierra, o el mismo oxígeno que respiraba.

Yvette: ¡Muy bien! ¡Ahora podemos subir la dificultad!

En medio de la carrera que encabezaba, la pequeña liebre se deshizo en un estallido luminoso, y las partes en que se dividió volvieron a juntarse rápidamente para formar lo que Jürgen apreció como un ave. Levantando vuelo, la ahora ave aumentó la velocidad de la marcha de Jürgen, hasta comenzar a ascender a través de las ramas más altas de los árboles.

Esto no lo intimidó, pues empezó a ponérsele a la par con amplios saltos, y luego impulsándose desde altas ramas y troncos que se acoplaban a sus movimientos, eran objetos que su consciencia plena del ambiente le permitía ver y anticipar, para así fluir en el aire persiguiendo al ave de luz.

Yvette: ¿Cómo es posible que la enfermedad de la mente haga que te olvides de tus propios dones, cariño?

Jürgen: ¡Sígueme!

Con sus dones a tope, Jürgen decidió encabezar la marcha, brincando y columpiándose en la copa de los árboles como si fuera un juego de niños, y de hecho su edad y la apariencia que recordaba de Yvette podían dar a pensar tal cosa. Sentía una especie de objeto que quería ver, algo que era completamente atípico entre la espesura de un bosque natural, así que se dirigió hacia allá a toda velocidad, siendo acompañado por el ave luminosa.

Trepando y brincando en medio de los árboles, comenzaron a recorrer una pendiente en bajada, percibiendo que comenzaban a descender sobre una especie de enorme depresión que cubría gran parte del territorio que podían tener a su alrededor. Jürgen decidió volver al suelo para correr a toda velocidad, inmediatamente, el ave luminosa de Yvette lo alcanzó y se puso a su lado.

Otra vez, en medio de la carrera, el ave se deshizo, esta vez para que los pedazos en que se dividió se transformaran en tres pequeños zorros, uno se quedó corriendo junto a Jürgen, mientras que los otros dos encaminaron su rumbo en direcciones distintas, como si buscaran reconocer el resto del lugar.

Yvette: Nunca sabes con lo que puedes toparte.

Corrieron hasta que la depresión se convirtió en planicie, y el espeso bosque se abrió en un espacio circular, alrededor del cual los altos árboles parecían organizarse en una siniestra armonía, proyectando una calma inusual. En el centro de aquel terreno se hallaba el objeto que inquietaba a Jürgen, al cual se acercó lentamente después de un freno abrupto. El pequeño zorro de Yvette comenzó a desvanecerse.

Se trataba de una figura cristalina de color lechoso, capaz de refractar un poco la luz de la luna, surgiendo de la tierra como un tronco, y desperdigándose hacia arriba en ramas fractálicas. Estaba rodeada de lo que parecían 4 pilares de su misma altura, pero tallados en madera. Jürgen creó un par de pequeñas llamas cerca de aquellas figuras, para seguir indagando sobre éstas.

Yvette: ¿Dónde estamos?

El brillo rojo en su Vínculo se intensificó al punto de que sobrepasaba la cobertura del sencillo suéter que llevaba puesto, tras lo cual comenzó a tratar de elevarse en el aire, tirando del cordel de cuero que lo ataba al cuello de Jürgen, hasta que se lo quitó para liberarlo.

Jürgen: Esperaba que tú pudieras responder esa pregunta.

La luz evanescente que emanaba de lo que fue el pequeño zorro se dirigió al Vínculo que ahora flotaba por encima de Jürgen, tomando la forma del gemelo escarlata que pertenecía a Yvette, y comenzando a girar junto a su par, como si ambas joyas danzaran al unísono de una canción que sólo habitaba en su cabeza. Una voz familiar se hizo escuchar detrás.

Yvette: Estos bosques son mucho más antiguos de lo que podemos concebir, han estado aquí desde antes de que el Emperador decidiera venderle un pequeño país al Barón para crear su Centro de Acoplamiento… o desde antes de que los comunes decidieran darle sentido a la palabra “imperio”.

Jürgen volteó para contemplar la figura transparente de la Niña de los Susurros, con su cuerpo pequeño, inofensivo y descalzo, ataviado con un simple vestido blanco que apenas podía diferenciarse del tono de su piel, o del par de mechones que colgaban de sus sienes. Al igual que siempre, los profundos ojos rojos de Yvette destacaban para denotar su presencia.

Yvette: Vaya, Jürgen, ¡Cómo se nota que me extrañabas!

Jürgen: Aún no concibo cómo abrazar a una proyección espiritual… si conoces alguna forma, puedes decírmela.

Yvette: Pero si ni siquiera lo intentas.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de ambos.

Yvette: Es una Piedra Topológica… son objetos que transportan a los espíritus a otros lugares u otros mundos… de entre los no comunes, muy pocos pueden crear algo así.

Jürgen notó como Yvette clavó la mirada en el objeto.

Jürgen: ¿Por eso sentiste la necesidad de inspeccionar el lugar?

Yvette: Así es, pero no encontré nada… mi mejor apuesta es que su dueño abandonó nuestro mundo hace ya mucho tiempo.

Jürgen avanzó hacia la Piedra Topológica, acercando sus llamas a los pilares que la rodeaban. Cada uno parecía tener tallada la misma figura, un árbol bastante similar a aquellos que adornaban el bosque por el que corrieron aquella noche. Sin embargo, parecían diferenciarse en lo que Jürgen asumió como su pintura, pues claramente el tiempo había desgastado la calidad de aquellas figuras.

Jürgen: ¿Qué quieres decir con otros mundos?

Yvette: La trascendencia del espíritu no sólo nos permite superar las barreras de la muerte… la virtud en nuestra conexión con el Espacio nos puede dar el poder de crear cosas espléndidas… o cosas atroces… pero al final sorprendentes.

Jürgen: ¿Quieres decir que es posible crear otros mundos?

Yvette: Crearlos, descubrirlos, transformarlos… o destruirlos… el Mundo de las Ideas es impredecible, al igual que el alcance de las Hadas virtuosas.

Jürgen seguía observando y sintiendo aquel objeto extraño, y la vibración atípica que proyectaba, no sólo hacia él, sino hacia todo a su alrededor. Yvette también comenzó a recorrer lo que ahora parecía una especie de altar o monumento, poniendo sus manos luminosas y transparentes sobre las figuras talladas.

Yvette: Definitivamente es un objeto muy antiguo, pero bastante familiar… creo que ya puedes deducir qué significan sus figuras ¿cierto?

Jürgen: Primavera, verano, otoño, invierno… los árboles tallados en los pilares, son el mismo… pero en cada estación del año.

Yvette: Así es… se trata de pilares de alguna tribu germánica, símbolos paganos, pero curiosamente relacionados con la Doctrina de la Virtud… lo cual nos dice que la Piedra Topológica estuvo aquí mucho antes que los pilares… tal vez los comunes decidieron usarla como algún tipo de sitio de adoración… qué asco.

Jürgen: ¿Doctrina de la Virtud?

Yvette: ¿Recuerdas cuando te leía los cuentos de los hijos del Artista?

Jürgen: S-sí.

Yvette: Las enseñanzas del Artista a todos sus hijos trascendieron a nuestros días como la Doctrina de la Virtud… se le conoce como el verdadero camino de los no comunes, desde el cuál deciden si toman el Don de la Eternidad, o perecen ahogados en sus propios cuestionamientos.

Jürgen: Madre solía decir que no hay tal cosa como los cuentos de los Hijos del Artista, mucho menos un libro en el cual pudiera leerlos.

Yvette rió con picardía.

Yvette: Supongo que te debo una disculpa por eso.

Jürgen se sentía maravillado por la vibración de la Piedra Topológica, y cómo resonaba en los pilares, los cuales dedujo estaban ubicados exactamente en cada punto cardinal: un árbol pálido, flaqueante y cubierto de nieve al norte; un árbol cubierto de vívidas hojas verdes y amarillentas en el sur; uno de vivas hojas verdes y frutos en el oeste, y, al este, un árbol con unas pocas hojas de color seco.

Sentía como si la Piedra tuviera un espíritu propio, el cual resonaba en todas las direcciones posibles, como si fuera capaz de enviar su presencia a cualquier parte del universo.

Yvette: Sorprendente, ¿no?

Jürgen: ¿Por qué las 4 estaciones?

Yvette: ¿Recuerdas a las 4 joyas de la Orfebre?

Jürgen: El anillo de la primavera, el brazalete del verano… la piedra del otoño y… el collar del invierno.

Yvette: Se dice que, al ser un regalo para la tierra de los hombres comunes, la Orfebre le otorgó las propiedades de una estación a cada joya… para simbolizar el escenario mismo que es la realidad en nuestro mundo, y cómo sus ciclos inevitables son todo lo que contemplamos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte como seres humanos. Después de todo, ningún cambio a la realidad que pudiera hacer quien reuniera las 4 joyas, sería distinto a un mundo donde hubiera algo de invierno, primavera, otoño… o verano.

Yvette se acercó un poco a Jürgen, tras haber dado una vuelta completa a la Piedra sin dejar de mirarla.

Jürgen: ¿Qué quieres decir?

Yvette: Sólo piénsalo, todo lo que vemos y experimentamos en este mundo… nuestras acciones y deseos… todas nuestras vivencias y percepciones… de las más insignificantes a las más catastróficas… son sólo simples sucesos en algún lugar, en algún momento… en un mundo donde siempre transcurre alguna de las 4 estaciones… si eso es todo lo que podemos ver y experimentar como simples seres humanos, no hay forma en que podamos imaginar un mundo que no se relacione con aquel en que nacimos y experimentamos nuestra vida… por lo tanto, ningún uso que se le diera a las joyas de la Orfebre podría crear algo que no estuviera atado al mundo que ya conocemos.

Jürgen: Creo que lo entiendo.

Yvette: Es una bonita forma de explicar cómo nuestro espíritu conecta el Mundo de las Ideas con la realidad ¿no lo crees? Así, las 4 estaciones simbolizan nuestro papel de creadores de la realidad, y a la vez de creados por ésta misma… lo inmenso y lo infinitamente pequeño se integran en nuestro espíritu, para explicar al propio universo auto experimentándose… tal es la esencia de la Doctrina de la Virtud.

Jürgen: Entonces… ¿Las joyas de la Orfebre permiten incluso crear otros mundos?

Yvette: Bueno, eso es lo que decía el cuento ¿no es así?... sin embargo, no es la única forma… como lo dije antes, las joyas de la Orfebre son un regalo para los hombres comunes, una manera de acercar su terrenidad a las infinitas posibilidades que ofrece el dominio del Espacio… de no ser porque se trata de una leyenda de los nuestros, diría que son un instrumento de codicia… para la diversión de sus creadores con las calamidades que ésta puede traer a los espíritus inmaduros.

La fascinación con la Piedra Topológica había hecho que Jürgen olvidara el frío del bosque en aquellas horas, sin embargo, sus repercusiones se hicieron sentir cuando comenzó a tiritar involuntariamente. Tras ver esto, Yvette hizo señas de tomar el par de llamas que Jürgen puso sobre el monumento, y lanzarlas a girar muy por encima de sus cabezas.

Yvette: Jardines… es el nombre que se le da a aquellos mundos creados por las Hadas virtuosas… se dice que el más espléndido de ellos es el Terrario, creado por el mismo Artista para el deleite de todo espíritu que pudiera llegar a apreciarlo.

Gradualmente, el pequeño par de llamas fue expandiéndose y comenzando a girar alrededor de la Piedra, ocupando cada vez más el área circular en la que se encontraban. Jürgen observó atentamente lo que consideró un espectáculo, pues aquel torrente giratorio comenzó a desprender pequeñas aves de fuego, que revoloteaban con alegría y comenzaban a darle un calor cómodo y familiar al lugar donde se encontraban.

Yvette: Mucho mejor.

Jürgen: ¿Has visitado alguno de estos Jardines?

Yvette: No exactamente… para visitar el Jardín de algún espíritu prodigioso se requiere relacionarse con este de alguna forma… espero poder conocer el Terrario algún día… o tener mi propio Jardín.

Jürgen: ¿Crees que yo pueda lograrlo algún día?

Yvette: ¡Por supuesto, cariño! De hecho, tal vez puedas lograrlo antes que yo… si es que ya no lo hiciste.

Jürgen miró desconcertado a Yvette.

Yvette: Te lo he dicho muchas veces, tu espíritu es formidable e increíblemente antiguo… podemos esperar cualquier cosa de ti. No es coincidencia que a través de nuestro Vínculo me sea tan fácil hacer estas cosas.

La niña indicó con entusiasmo al festival de fuego que había puesto sobre sus cabezas.

Yvette: El Vínculo que establecimos y pusimos en esos pequeños dientes, también permite el fluir conjunto de nuestros espíritus a través del Espacio… pero si tu conexión con el Espacio no fuera ya enorme de por sí, no me hubiera sido posible hacer nada de esto… o neutralizar a los guardias allá atrás.

Jürgen: ¿O sea que haces todo esto a través de mí?

Yvette: Así es… estás atado al Espacio y al Mundo de las Ideas como nunca lo he visto antes… el oscurecimiento temprano de tu espíritu es prueba de ello… es un poco aterrador, pero a la vez muy bello.

Jürgen: Entonces ¿de eso se trata el poder de los dones? ¿de materializar ideas a través del Espacio?

Yvette: Bueno… en realidad, esa es la esencia de todos los artificios de la humanidad… cada acto del conocimiento humano, desde el más insignificante hasta el más trascendental para nuestra historia… significa traer algo del Mundo de las Ideas a la realidad… y esto sólo es posible cuando estas ideas vienen a través del Espacio… el poder de los dones sólo es la forma en la que los no comunes realizan este proceso desde su virtud… y tú, indudablemente, eres muy bueno en eso.

Jürgen notó la mirada entusiasta que acompañaba las palabras de Yvette, sin embargo, no pudo responderle con más que una sonrisa forzada, tras lo cual devolvió su mirada a las aves de fuego.

Mientras se hallaba concentrado en el mágico espectáculo, Jürgen pudo sentir un par de brazos rodearlo por la espalda, no pudo diferenciar si la calidez que sintió en el momento venía del escenario que Yvette había montado para él, o de su proyección espiritual. Involuntariamente, el chico envió sus manos para tomar los brazos intangibles que lo rodeaban, éstas terminaron posándose en su mismo pecho, traslapándose con el brillo blancuzco de la silueta espiritual de Yvette. No pudo evitar conmoverse.

Yvette: ¿Qué ocurre, cariño?

Jürgen: ¿A qué te refieres?

Yvette: ¿Qué pasó allá adentro? ¿Por qué volvió a ti la enfermedad de la mente?

Jürgen: No lo sé, simplemente… ocurrió mientras dormía… ¿Por qué me sacaste del dormitorio?

Yvette: Bueno… la situación parecía muy alarmante… no quería que se saliera de control, y termináramos causando otro incendio… o algo parecido.

Jürgen: El incendio n-

Yvette: Lo sé, cariño. Sólo recuerda… evitamos al máximo dañar a quien no lo merezca.

Jürgen asintió.

Yvette: Y bien… ¿Qué tal está el Centro de Acoplamiento?

Jürgen: No está mal… me mantiene ocupado.

Jürgen se alejó de Yvette, y, tras elegir el árbol correcto, lanzó un corte con su mano derecha en dirección a éste. Inmediatamente, el árbol, que estaba a unos 20 metros de él, se desplomó a su lado. Le serviría para sentarse junto a Yvette y la piedra topológica.

Jürgen: Nos repiten todo el tiempo que estamos ahí para perfeccionar nuestros dones y servir en nombre del Imperio, pero sólo veo que nos forman para la guerra.

Yvette: Bueno… en tiempos como estos, parece que servir y combatir significan lo mismo para los no comunes.

Jürgen: ¿Me convertiré en un soldado?

Yvette se sentó junto a Jürgen en el tronco derribado.

Yvette: En un guerrero.

Jürgen le dedicó una sonrisa.

Yvette: ¿Y Von Schwarzeberg? ¿Cómo te ha tratado?

Jürgen: No he sabido mucho de él… algunas veces nos ve en entrenamientos y demostraciones… pasa caminando… con ese extraño bastón.

Yvette: ¿Demostraciones?

Jürgen: S-sí… hacen que demos demostraciones de nuestras habilidades y su progreso… frente a él y algunos militares.

Yvette: Y tú… ¿Qué les has mostrado?

Jürgen: Nada especial… combate con espadas, manejo de armas, destreza física.

Yvette: Ya veo.

Yvette se puso de pie para ubicarse frente a Jürgen.

Yvette: Buen chico… sólo enséñale tu potencial a personas en las que puedas confiar de verdad… si no te sientes seguro con nadie, es mejor que sigan siendo un secreto… ¿has hecho amigos?

Jürgen: Hay un chico… Armin… también lo asignaron a la Colonia Germana… es un buen tipo.

Yvette: ¿Colonia Germana?

Jürgen: Sí… cuando llegamos al Centro de Acoplamiento… los militares separaron a los cadetes por su nacionalidad… y nos asignaron una Colonia… campamentos a lo largo del Lago de la Serpiente… al parecer llegan elegidos de todos los lugares del mundo… por eso me asignaron a la Colonia Germana… los instructores dicen que es parte del voto de neutralidad de la institución… y algo así como que fomenta el compañerismo… el ayudarnos entre los nuestros.

Yvette: Bueno… puede que tengan razón… lo cierto es que separar a los chicos de determinadas nacionalidades sí puede evitar algunos problemas… extiende tus manos.

Jürgen: ¿Qué?

Yvette: Extiende tus manos… bien abiertas.

Curioso, Jürgen siguió la corriente.

Yvette: Quiero presentarte a un amigo.

Jürgen: ¿Amig-

Tras un chasquido de dedos de la silueta espectral de Yvette, una pequeña criatura serpenteante apareció en las manos de Jürgen. Brillante, y de color vívido vino tinto, lo que Jürgen apreció como una especie de pequeña lagartija, comenzó a retorcerse con carisma, sacando de forma intermitente una lengua viperina muy similar a la de las serpientes.

Jürgen: Wow… ¿Qu-

Yvette: Su nombre es Peter Gustav Lejeune Laflamme… puedes llamarlo Flamy.

Jürgen se hallaba encantado, el extraño reptil emanaba bastante calor al recorrer en espiral su brazo, reptaba de forma graciosa con 4 pequeñas patas en los extremos de su cuerpo de serpiente. Jürgen también notó que su piel vino tinto tenía algunas fisuras similares a grietas de magma, estas producían el brillo que emanaba de la criatura, y seguramente también aquel calor.

Yvette: Es una manifestación del Espíritu del Fuego… vino a mí mientras vagaba por estas calurosas planicies… es un bebé aún… pero algo me dice que será un gran compañero.

Jürgen notó la ternura en el rostro de Yvette, siguiendo con su mirada a Flamy mientras llegaba a su hombro.

Jürgen: Por cierto ¿dónde estás ahora?

Yvette: En algún lugar entre los últimos dominios del Rus de Este y los asentamientos orientales… dicen que las doctrinas de los pueblos beduinos son muy interesantes… tal vez ellos sepan más sobre Flamy.

Jürgen: Vaya.

Yvette: Como te dije antes… tu enorme conexión con el Espacio me permite hacer cosas maravillosas a través de ti… debido a nuestro Vínculo, tu espíritu puede atarse también al espíritu de Flamy y traerlo contigo.

Jürgen se dedicó a juguetear con la criatura.

Jürgen: ¿O sea que puedo quedármelo?

Yvette: ¡No! Haha… Flamy es libre… se esparce por el mundo como el fuego del que viene… pero puedes aprender a invocarlo de vez en cuando… aunque, dudo mucho que guste de estas tierras heladas.

Ambos rieron, mientras Jürgen observaba a Flamy mordisquear su dedo índice a manera de juego.

Yvette: Jürgen… lo estás haciendo bien, cariño, algún día serás un gran guerrero, un virtuoso como ningún otro… entiendo que algunas cosas puedan ser bastante abrumadoras aquí, pero puedes llamarme cuando lo necesites, siempre estaré para ti.

Las palabras reconfortantes de Yvette despertaron una sonrisa sincera en Jürgen.

Yvette: De cualquier forma… te prefiero en este lugar… con los tuyos… tal vez no lo veas ahora, pero algunos de esos chicos te podrán entender mejor que tu familia.

Jürgen: ¿Los míos?

Yvette: Así es, lo no comunes.

Flamy se enroscó en el cuello de Jürgen.

Jürgen: Bueno… en realidad… no veo muchas diferencias entre los comunes y estos chicos.

Yvette: ¿A qué te refieres?

Jürgen: Sus espíritus son distintos… así es… sus colores, resaltan de alguna forma… pero… sus almas… no lo sé… es como si se sintieran doblegadas por el mismo sentimiento… como si se sometieran sin chistar a algo que los limita… es algo que he visto mucho en los comunes… una especie de… miedo.

Yvette: ¿Miedo?

Jürgen: S-sí… sus espíritus resuenan de forma opaca, como si algo los limitara… es como si todos sintieran el mismo miedo… bueno… no todos.

Yvette: ¿No todos?

Jürgen: Bueno… hubo alguien en quien no lo percibí… la vi por poco tiempo, en la bienvenida a los cadetes.

Yvette: ¿La viste? ¿Es una niña?

Jürgen se fijó en Yvette, quien lo miraba fijamente con expresión pícara. El calor que sintió en sus mejillas, definitivamente, no venía de Flamy. Jürgen hizo un gesto de ocultar su rostro sonrojado.  

Yvette: ¡Vaya! Tan pronto y ya hay una niña.

Jürgen: ¡N-no es eso!... o sea… ella… su espíritu… resonaba de forma distinta… como si su brillo no pudiera limitarse u opacarse de alguna forma… ahora que lo pienso, fue fascinante.

Yvette: ¿Fascinante?

Yvette rió, empeorando la vergüenza que sentía Jürgen en el momento.

Yvette: ¿Y cómo se llama este espíritu fascinante?

Jürgen decidió seguir la corriente.

Jürgen: No lo sé… sólo pasó en frente mío… me topé con ella en algún instante… estaba rodeada de otros chicos de la Colonia Franca… fue extraño, era como si todos estuvieran a su disposición, pero su mirada estaba completamente ausente del lugar. Era como si las almas de los demás buscaran siempre resonar con la suya… como si su brillo les diera vida.

Yvette: Bueno… he escuchado antes de ese tipo de espíritus… son bastante raros, por cierto… se le conoce como el Don del Deseo, aunque no se sabe mucho sobre cómo funciona… o bueno, tal vez sólo fue amor a primera vista… ¿tú que crees?

Jürgen lanzó una mueca, antes de que una pequeña ráfaga de fuego saliera del hocico de Flamy para quemar su mano, esto divirtió más a Yvette.

Jürgen: Ahora que lo recuerdo… era ella.

Yvette: ¿De qué hablas?

Jürgen: Antes de despertar… en el dormitorio… tuve un sueño, una extraña pesadilla… alguien se desvanecía en mis brazos… una mujer, tenía su mirada… la mirada de aquella chica… y yo… sufría, sufría mucho… entre menos quedaba de ella, más invadía mi cuerpo un horrible dolor… y una tristeza sin fin.

Yvette: ¿Qué?

Jürgen: S-sí… cuando ella se desvaneció por completo… sentía como si ahora aquel sufrimiento me fuera a matar a mí… ahí fue cuando desperté.

Jürgen se sintió extrañado, pues la expresión bromista de Yvette cambió completamente. No supo si la seriedad de su rostro ahora denotaba curiosidad, o preocupación.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Parte 18: Cientos de vidas e incontables años

Parte 1: Convergencia

Parte 15: Helldunkel