Parte 18: Cientos de vidas e incontables años

 

Cientos de vidas e incontables años.

 

 

El golpe recurrente de las olas contra el casco del barco, y la fría brisa marítima impactando su rostro, con aquel inconfundible olor salino, devolvían a Eileen algunos recuerdos de cuando dejó Germania para vivir con su padre, o al menos eso creía, hasta que, un par de días después, se vio instalándose a la fuerza en el Colegio de Alquimistas.   

Eileen aprendió a no culpar a sus padres por aquel intento de deshacerse de ella, había representado un problema para su familia desde que descubriera sus dones a muy corta edad, y era consciente de que nacer dentro de la Casa Bloom había sido una bendición demasiado improbable para alguien que ya venía con sus condiciones. Theophrastus XXV, al darle la bienvenida al Claustro, se encargó de explicarle que los últimos registros de un portador del Don de Flujo databan de al menos mil años atrás, y que incluso no se conocía con claridad de que se trataran de habilidades tan extrañas como las suyas.

Le tomó mucho tiempo comprender que el ser enviada a aquella roca fría en el norte de Anglia fue un acto de amor en medio de las posibilidades de Lord Bloom, pues si podía apostar por alguien que pudiera comprender su situación, debía ser por Theophrastus XXV. Desafortunadamente, tal apuesta también fracasó.

Como por acción instintiva, decidió avanzar hacia el púlpito del castillo de proa de aquella vieja galera de madera, abriendo sus brazos hacia el sol naciente del amanecer y respirando con naturalidad la brisa que sentía caer sobre su piel. La sensación de los rayos del sol invadiendo su humanidad podía resultar exquisita en cualquier momento del día si respiraba correctamente, eso fue lo primero que recordó haber aprendido por sí misma, aunque a veces se preguntaba si siempre lo supo.

Los minutos se fueron mientras respiraba con los ojos cerrados, mientras aquella recepción del impulso vital de la luz y el aire se apropiaba de sus nervios, dándole la sensación de ser una con las olas tenues, con el viento salado, con el brillo del Sol, con el agua del mar, o incluso con todo lo que yacía debajo de la superficie.

No tuvo en cuenta por cuanto tiempo respiró aquel amanecer, el día brillaba mucho más cuando la sirena de una de las embarcaciones militares que acompañaban a la HMS Wildfire le abrió los ojos, y la sacó de su trance placentero. Tal vez era un acorazado o un destructor, en realidad nunca aprendió mucho sobre guerra naval, por más que Gwen o Claire le hablaran de ello. Al girarse para buscar aquellos monstruos, vio uno a cada lado, el convoy navegaba con la vieja galera insignia de los Anglos en el frente. También encontró a Jürgen parado detrás suyo.

Eileen: ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Jürgen: La respiración puede dar mucha paz, ¿no es así?

Eileen: Bueno… respirar es nuestra primera forma de conciencia del flujo natural de la realidad, pero, eso no necesariamente significa paz ¿verdad?

Tras asentir, Jürgen avanzó hacia el púlpito para recostarse sobre el barandal de madera, quedando al lado de Eileen. Al igual que ella, el capitán se encontraba vestido de forma elegante, había escogido un traje negro bastante simple, con la insignia de la Decuria adornando desde un pendiente de oscuro metal irregular, puesto sobre el lado del corazón. Al ver la simpleza en el traje de Jürgen, Eileen se preguntó si aquel vestido que había elegido para ella y las otras chicas de la Decuria, con rasgos y listones vino tinto con medallones de oro, sería demasiado.

Eileen: ¿Dónde están tus espadas?

Jürgen: ¿Debo llevarlas?

Eileen: Así es.

Jürgen: Pero ¿de qué sirven un par de espadas enfundadas?

Eileen: Quieren que el mundo vea todo, al Demonio Negro, al Herrero de Germania, al Hombre Más Fuerte del Mundo… a la Decuria 44 infundando terror sobre los enemigos del Reino.

Jürgen: No olvides a la Alquimista Inmortal, a las Bestias del Rus… ¡o a la Princesa de Hielo!

El comentario despertó una pequeña risa en Eileen.

Eileen: Temo que el mundo aún no las conoce.

El capitán dio un vistazo a los buques que acompañaban a la Wildfire.

Jürgen: ¿Por qué obligaron a todos estos barcos a navegar al ritmo de este vejestorio?

Eileen: Esta galera representa la gloria de Anglia en su historia marítima, cada segundo en el que este convoy aparezca en los radares francos atemorizará… al más insignificante operador… y al mismísimo almirante de su flota.

Jürgen procedió a encender un cigarrillo, que sacó de uno de los bolsillos de su chaqueta.

Jürgen: Bueno… 2 puntos de la Producción Nacional de Anglia… es bastante dinero, supongo que tienen derecho a este tipo de maniobras.

Eileen: Y uno de la Producción Nacional de Germania, el contrato más costoso de la historia.

Con un gesto delicado, Eileen tomó el cigarrillo de la boca de Jürgen, para agasajarse con éste mientras volvía a fijarse en el mar, y en una pequeña mancha sobre el horizonte que comenzaba a hacerse cada vez más grande: la isla de Anglia.

Eileen: Cuenta la leyenda que la HMS Wildfire obtuvo su nombre en la última Gran Guerra Franco-Germana… al ser la última galera en pie antes de que Yvette Lagarde incendiara la Flota Imperial hasta sus cenizas… a bordo de la Wildfire, por supuesto. En aquel momento le llamaban HMS George I.

Jürgen: Yvette solía decir que fue más difícil que eso… debió saltar desde el barco para alcanzar a la flota germana, como si fuera un “cohete endemoniado” … si la galera sobrevivió, fue por haberse quedado detrás.

Eileen: ¡Suena divertido!

Sin fijarse en Jürgen, Eileen extendió el cigarrillo hacia él con su mano.

Jürgen: ¿Qué opina Harris de todo esto?

Eileen: No lo sé muy bien… nunca me fue fácil cruzar palabras con el Almirante, mucho menos en el teléfono… su voz sólo me relató de forma parca la generosa oferta de la Alianza, el resto quedó a cargo de uno de sus ayudantes. Esto definitivamente va en favor de sus planes, pero… Gwen.

Jürgen: ¿Conoces bien a la princesita?

Eileen: Fuimos bastante cercanas en el Colegio… prácticamente sólo nos soltábamos para ir al baño.

Con un brinco sutil, Eileen procedió a sentarse de piernas cruzadas sobre el barandal del púlpito, otorgando toda su atención al capitán.

Eileen: No puedo creer que fuera derrotada tan fácil.

Jürgen: Bueno… dejó más de 40 bajas en el lugar, fuertemente armados, y, al parecer, sin refuerzo alguno… no podemos decir que fue fácil para ellos.

Eileen: Inteligencia Naval no pudo rastrear nada a partir de los cadáveres… ninguno tenía historial criminal o subversivo alguno… los heridos en el lugar resultaron siendo habitantes de Bradbury con uniformes harapientos… que no pudieron recordar nada, a pesar de todos los medios que Inteligencia Naval utilizó para interrogarlos.

Jürgen: Primero el Banco, ahora esto… están desesperados.

Eileen: Ahora Harris tiene las excusas que necesitaba para tomar el mando, pero ni siquiera él esperaba esto.

Jürgen: Si las historias que se rumoran sobre el Almirante son ciertas, no quisiera ser quien se atrevió a tocar a su hija.

Eileen: El poder sobre el Reino es hereditario, y muy pocas Casas gozan del favor de la Familia Real, especialmente las familias de baja alcurnia como la suya, pero eso no ha sido un impedimento para él y sus planes… es lo que cuenta Padre. Su tatarabuelo obtuvo el título nobiliario para su familia salida de los Pueblos en Diáspora, pero sus hazañas en las colonias y maniobras en la Corte le dieron el control y prestigio que ahora goza la Casa Harris… los Dueños del Mar.

Jürgen: Eso… y enamorar a una chica que terminaría siendo la Reina de los Pueblos del Norte.

Eileen: Enamorarla y darle una descendencia fuerte… Gwen ha sido criada para ser la insignia implacable de una nación, y Claire-

Jürgen: Una… alquimista excepcional.

Ambos se miraron a los ojos con una sonrisa confianzuda, dando a entender que compartían opiniones respecto al talento bélico y el carácter impredecible de la segunda heredera al trono de los Reinos del Norte.

Eileen: ¿Sabes? Mi idea original era reclutar a Gwen para la Decuria 44, todo estaba listo en aquel momento, pero la intervención abrupta del Almirante trajo a Claire a nuestras filas.

Jürgen: ¿Alguna razón en particular?

Eileen: Bueno, a parte de las razones diplomáticas usuales… situaciones y conflictos de los que no quieres enterarte… te sorprendería escuchar las anécdotas de la nobleza británica.

Jürgen: No después de ver a la princesa casi morir para cubrir los pasos de su hermana ¿estoy en lo correcto?

Tras terminar su cigarrillo, Jürgen lanzó la colilla al mar, mientras observaba, al igual que Eileen, a la isla de los Anglos acercarse más a ellos, con la inconfundible figura del inmenso Faro de Hadrianus marcando el panorama, trayendo a Eileen recuerdos y sensaciones que erizaron su piel.

Jürgen: ¿Crees que después de esto Gwen siga siendo material de Reina?

Eileen: Los médicos no encontraron mayor daño que un par de cortadas y heridas superficiales de bala, pero… Inteligencia Naval dice que algo pasó con su memoria… repite el encuentro con el Diácono de forma errática… y olvidó completamente a uno los oficiales muertos en el atentado, el teniente Hill… Luke era su amante desde hace mucho tiempo… de baja cuna… Gwen y Harris se encargaron de que nunca existiera un pronunciamiento oficial al respecto, pero casi todo el Cuerpo lo sabía… ahora es como si él no hubiese existido para ella.

Jürgen: El Diácono, en su reluciente armadura dorada, casi tan brillante como su espada… de cuyos cortes y embestidas apenas pudo escapar la dulce Gwen, hasta que fue perdonada y dejada a su suerte en un gesto de bondad divina… sólo para promulgar una consigna venida de la mismísima voluntad del Portador de la Luz: “el amanecer ya viene-

Eileen: “-y su brillo quemará los ojos de los indignos”.

Un suspiro de Jürgen llamó la atención de Eileen.

Jürgen: Tenemos dos posibilidades… afrontar el descenso del Diácono a nuestras tierras pesadumbrosas con su juicio de hierro y sangre…  o encontrar a quien sea que haya podido montar tal fachada, para felicitarlo por su juiciosa lectura del Libro Solar, y luego preguntarle por qué se tomó tantas molestias después de todo… como dejar viva a la princesa, o ayudar a terminar de encubrir a Hugh y Claire.

Eileen: ¿Crees que sean amistosos?

Jürgen: Ciertamente no son amigos de la corona británica… pero… no podremos estar seguros de nada hasta hablar con Gwen.

Eileen: Su madre se la llevó al Norte, a cuidarla en el Palacio de Permahielo.

Jürgen: Muy bien, al Palacio de Permahielo iremos antes de empezar esta guerra.

Eileen: Entendido.

Jürgen: Debemos tener mucho cuidado, iniciar un ataque de guerrillas en el corazón de Férrea y crear un caos de esta magnitud sin dejar rastros… ni siquiera para nosotros… es algo que muy pocos pueden hacer… tengo un presentimiento respecto a este Diácono. Debemos estar atentos, incluso en la presentación.

Eileen: Muy bien… Kitty tiene instrucciones para ello… ¿siguiente asunto?

Jürgen: Aseguramiento de recursos.

Eileen: 8000 millones de rupias, entre propiedades, papel moneda y oro. El oro y el papel moneda serán entregados en cinco transferencias.

Jürgen: Bien… no moveremos un dedo hasta tener aseguradas todas las propiedades y haber recibido las primeras dos transferencias… tu padre se encargará de ello ¿podemos confiar en él?

Eileen: Es nuestra mejor opción.

Jürgen: Muy bien. Firmaremos, pero nos apegaremos a esta condición, si eso genera un caos monetario en el continente, será un problema de la realeza, no nuestro.

Anglia se acercaba cada vez más a ellos, lo cual hizo que Eileen notara lo inusual de un día tan despejado en aquella isla fría y lluviosa. Los detalles del Faro de Hadrianus se mostraban cada vez más definidos, pero su admiración de la portentosa torre fue interrumpida por el ruido de la primera ronda de salvas desde los buques que acompañaban a la Wildfire, habían quedado estacionados a unos cuantos kilómetros de la isla, mientras la galera avanzaba hacia su destino final en los muelles.

Eileen: Nuestro siguiente asunto… el expediente de Bjeland ¿le diste una ojeada?

Jürgen: Sí… no con mucha atención, pero hay un par de nombres en los cuales deberíamos fijarnos.

Eileen: ¿De verdad?

Jürgen: Así es. Frederic, hijo del Trueno. Germania, 20 años.

Eileen: Bueno, mataste a su maestro y te quedaste con sus habilidades, algo de rencor puede existir en este chico ¿no es así?

Jürgen: Fritz y Clara Immerwahr. Germania, 52 y 40 años… alquimistas y toxicólogos, más que prominentes… casados y retirados hace bastante tiempo, pero viviendo en paz… su desaparición suena demasiado sospechosa, considerando el daño que pueden hacer.

Jürgen: Perla Marcondes. Prefectura Hipánica, 15 años. Y Katharina Bohm. Sonnenuntergang Insel, 14 años. Ambas luchadoras excepcionales, muy jóvenes, y diría que con dones sin explorar en su totalidad.

Eileen: Invictas, tanto en sus Centros de Acoplamiento como en sus trials… hasta que no volvieron a reportarse.

Jürgen: Y uno más, Évariste Galois. Galia, 16 años. Cuando Von Schwarzenberg me asesoró, antes de reclutar a Ruby, fue bastante enfático en que escogiera a este chico… en realidad son muchos nombres, Inteligencia hizo un buen trabajo. Dejaremos la labor de perfilarlos y encontrarlos a John, será fácil para él.

Eileen notó una expresión adicional en el rostro de Jürgen.

Eileen: ¿Pero?

Jürgen: Sin embargo… si pelearan para él, los no comunes de esa lista son el menor de los problemas que trae el Barón. Ven, respira conmigo.

Con otro brinco sutil, Eileen quedó al lado derecho de Jürgen, ambos poniendo sus manos sobre las barandas del púlpito del castillo de proa, mirando hacia el horizonte. Le fue suficiente cerrar los ojos y respirar un par de minutos para volver a entrar en plena conciencia con su ambiente e ir más allá. La presencia de Jürgen se hacía notar más que cualquier otra cosa en la mezcolanza de percepciones que recibía en cada centímetro de su piel.

Evidentemente, no era la primera vez que realizaban este ejercicio juntos, Eileen se había acostumbrado a sentir el espíritu de Jürgen como una sombra fría, como una especie de vacío que se posaba a su lado, y que poco a poco comenzaba a absorber el resto de sus percepciones, para luego buscar absorberla a ella. Siempre ocurría de la misma forma, cuando las marcas tatuadas en su brazo izquierdo se sentían revolotear en su piel, buscando a quien las puso ahí para sellar el Vínculo entre sus espíritus.

Eran tres frases en su idioma nativo, que Eileen no olvidaría nunca, porque le darían una forma y sentido a sus dones y a su propio espíritu, y, muy posiblemente, al rumbo de su vida:

“To aliviate affliction

To restore flux

To release the spirit.”

Con la danza de las marcas de su brazo llegaba la invasión del espíritu de Jürgen. Mientras aquella sombra fría parecía abalanzarse sobre su humanidad, el golpe de la brisa marina se aquietaba, el olor salino desaparecía, podía dejar de sentir la madera en la que reposaban sus pies, y la luz del Sol que lograba cruzar sus párpados cerrados se oscurecía.

Eileen abrió sus ojos, para encontrarse junto a Jürgen en el mismo púlpito, pero delante de ellos sólo yacía una inmensidad de agua quieta, la cual sólo podía distinguir por el reflejo que ésta hacía de una luz débil en el horizonte, el resto era sólo oscuridad.

Jürgen: Dame tu mano.

Tras extender el brazo de las marcas hacia Jürgen, éste la tomó del antebrazo, y así, la última incisión de su espíritu se hizo sentir como un impulso en la espina dorsal de Eileen, mientras la luz que apenas los iluminaba hace un momento, estallaba para deslumbrarla.

Cuando sus ojos pudieron ver de nuevo, se fijó en cómo las marcas habían saltado de su brazo, para enroscarse en el entrelazamiento con Jürgen. A medida que alzaba la vista para seguir contemplando, vio cómo ahora el rostro del capitán se hallaba ensombrecido alrededor de sus ojos, los cuales se habían tornado más oscuros que nunca, iluminados por el escenario que yacía frente a ellos.

Jürgen: Observa detenidamente.

La mirada inmutable de Jürgen apuntaba a la extraña escena que ahora se encontraba sobre el quieto lago que Eileen vio inicialmente. Una mujer desnuda de cabellos largos y rizados, los cuales se arrastraban sobre el verde césped en el que bailaba con gracia, girando dos pequeños cetros, uno en cada mano, que brillaban siempre en colores opuestos el uno del otro.

Por fuera del verde prado donde la mujer bailaba sin cesar, en medio de árboles y arbustos, comenzaban a acercarse a ella lo que parecían cuatro criaturas, un león, un águila, un buey, y un hombre. A su manera, cada uno de ellos buscaba llegar a la mujer de forma sigilosa, mientras ella continuaba su danza sin percatarse de su presencia.

Jürgen: La Dama, ella es el Alma de nuestro mundo. Su danza representa el devenir de la naturaleza, y la armonía que da estructura a cada una de nuestras vidas.

Eileen pudo notar que el avance de las bestias hacia la mujer se detuvo en cierto punto, a partir del cual cada una de estas criaturas buscó avanzar con mayor agresividad, siendo detenidos por una especie de barrera que emitía un brillo color tornasol, cuando era picoteada por el águila, embestida por el buey, rasgada por el león, o golpeada por los puños desnudos del hombre.

Jürgen: Las criaturas tienen distintas interpretaciones, pero basta con decir que representan las intenciones de los espíritus que habitan este mundo.

De un momento a otro, los colores de la luz que emitían los cetros de la Dama parecían volverse cada vez más opacos, mientras que la barrera que protegía el prado parecía empezar a despedazarse y ceder con mayor facilidad a la violencia de las criaturas, las cuales se ensañaban más en sus ataques, mostrando expresiones cada vez más rabiosas en su persecución frenética por aquella mujer.

Jürgen: El debilitamiento de la barrera que separa a la Dama de las criaturas, anuncia la marcha hacia la Batalla por el Alma de nuestro mundo, donde los espíritus más fuertes buscarán prevalecer para materializar su voluntad por sobre todas las demás.

Eileen: La búsqueda de un nuevo orden.

Jürgen: O el fin de todos los órdenes.

Eileen: Entonces, este es el punto de no retorno.

Jürgen: La barrera de luz comenzó a ceder, y los colores de los cetros empezaron a oscurecerse exactamente poco después del atentado en el Banco. Ocurrió una mañana, la misma mañana en que el Barón Von Schwarzenberg visitó el Bastión del Cielo.

Eileen: ¿Sabemos qué encontró ahí?

Con su mano libre, Jürgen chasqueó sus dedos, e inmediatamente el escenario de la Dama se disolvió, para mostrar la débil figura del Barón emerger del oscuro lago, refractando una especie de luz aguamarina. Gradualmente, junto a él emergieron dos pequeñas figuras, las cuales comenzaron a brillar tan intensamente que terminaron deslumbrando a Eileen, quien buscó cubrirse los ojos con su mano libre.

Jürgen: Aquella luz blanca incandescente no pertenece a las Hadas, o a cualquier cosa que se les parezca, su brillo se asemeja al de la sangre de los Ángeles, pero no goza de su armonía y perfección. No sé muy bien qué le mostró el Rey Pierre al Barón, pero temo que ambos traerán a esta guerra una amenaza que no comprenden.

Eileen: Pero… Anna.

Otro chasquido de dedos disolvió la imagen incandescente que rodeaba al Barón, ahora, del lago surgía la figura de Anna Green, pintada del ameno blanco que caracterizaba a su espíritu. Eileen no pudo evitar divertirse al notar la expresión de pánico en el rostro de la chica, producto del momento en que Jürgen puso un Vínculo de Miedo en ella, al apuntarle con su espada en el Bosque Oscuro antes de liberarla, sin embargo, se guardó la broma que tenía pensada para sí misma.

Jürgen: Curiosamente, si la figura del Barón se deshizo en la luz incandescente de los Ángeles-

El espíritu blanco de Anna fue opacado progresivamente por una enorme sombra negra, hasta que el campo de visión de Eileen quedó completamente oscuro.

Jürgen: -Anna se deshizo en la oscuridad… tenemos la certeza de que logró encontrar a la Almirante Braithwaite, pero ni siquiera puedo estar seguro de si sigue con vida.

Eileen: Sus almas poseen un Vínculo Eterno, el cual probablemente va a acabar con todos nosotros… si Anna estuviera muerta, algo habría cambiado en ti. Ella está lejos, en algún lugar, junto a la Bestia Diabólica.

Jürgen: Von Schwarzenberg ha desplegado todos sus recursos de forma desesperada, hará cualquier cosa para tratar de detenernos… pero estamos preparados.

El siguiente chasquido de dedos devolvió la iluminación al lago, de este surgía la pequeña silueta de Ruby, pintada en un azul bastante oscuro, con tres pequeños óvalos en el cuello, de un azul similar al de su espíritu, pero que lograban distinguirse ante los ojos de Eileen.

Jürgen: Si ellos tienen la Voluntad Divina… nosotros tenemos la Doctrina de la Virtud.

Eileen: El Collar de Invierno, se lo diste a Ruby.

Jürgen: La esencia del Collar de Invierno baila junto a su espíritu como nunca había visto en mis sueños… como si el Collar necesitara de Ruby, más que Ruby del Collar. Tal vez la Princesa de Hielo sea nuestro futuro ¿no lo crees?

Eileen: Cuenta la leyenda que un buen portador de una Joya de la Orfebre puede atraer a las demás ¿no es así?

Jürgen: Y siento que las demás Joyas están más cerca de lo que parecen.

Un cosquilleo en su cuerpo comenzó a anunciar el fin del trance, a lo que Eileen respondió soltando lentamente el brazo del Capitán. Un parpadeo después, las marcas habían vuelto a su lugar, y el muelle de Anglia había regresado estando mucho más cerca que antes, con el inmenso Faro de Hadrianus protagonizando la escena. Ahora Eileen podía ver cada piedra que conformaba la torre, y el emblema de grifo de la Familia Real británica, gravado un poco antes que la terraza donde se hallaba el enorme reflector que guiaba a los barcos que entraban al Reino. El viaje estaba casi por terminar.

Ambos se limitaron a observar en silencio el panorama que ofrecía Anglia mientras terminaban de aproximarse, con Eileen otorgando toda su atención al Faro.

Después del Torreón del Risco del Colegio de Alquimistas, el Faro era la edificación más alta en toda la isla de Anglia, su construcción fue ordenada por el emperador Hadrianus tras el final de la Segunda Conquista. Antes de la entrada del Imperio Latínico, el poder en las islas de Anglia y sus alrededores se disputaba sucesivamente entre los pequeños reinos británicos, celtas, y algunos invasores nórdicos. Estos últimos proveían las únicas formas de navegación alrededor de la isla con barcoluengos rudimentarios, los cuales llegaban a los pocos muelles naturales ubicados en el norte.

Las costas rocosas y el clima turbulento de Anglia representaban una especie de protección natural para sus reinos, lo cual desencadenó el fallo de la Primera Conquista en la isla, y el alto número de bajas que requirió la Segunda, tal fue la razón por la que el entonces Emperador decidió construir el enorme Faro, alrededor éste se cimentarían los imponentes muelles que hicieron de Férrea la capital de los nuevos reinos Anglos.

Eileen había nacido en Germania, y había abrazado la nacionalidad de su padre y su honorable Casa, por lo que esta historia le era tan familiar como a cualquiera de sus compatriotas, sin embargo, tal no era la razón de su fijación en el Faro. En realidad, aquella edificación estremecía su alma, porque la última vez que estuvo ahí, murió por primera vez.

En conjunto con las nuevas rondas de salva que disparaban los buques, Jürgen y Eileen notaron el ruido de un tumulto que se apiñaba en la plataforma principal del muelle, su bienvenida estaba lista.

Eileen: Tal vez quieras dejar de ahuyentar la lluvia y la niebla, dispersar un poco a la multitud podría hacernos sentir más seguros… ya sabes, por si acaso.

Jürgen alzó su rostro con los ojos cerrados, apuntando al cielo. Un par de segundos después, se dirigió a Eileen.

Jürgen: Hay algo que quiero preguntarte.

Eileen: Dime.

Eileen notó que Jürgen también se estaba fijando en el Faro.

Jürgen: Aquel día, después de caer… y los días siguientes… ¿qué sentiste?

Una sensación extraña invadió a Eileen, la cual sólo pudo expresar con una risa nerviosa.

Eileen: ¿Tienes un cigarrillo?

El capitán le convidó un cigarrillo de la caja que tenía en su chaqueta, sin mencionar una palabra. Bocanada tras bocanada, Eileen buscó elaborar su respuesta, para la cual se tomaría su tiempo.

Curiosamente, aquel fatídico suceso ocurrió un día después de haber conocido al ahora capitán. En ese entonces, Jürgen sólo se le mostró como un muchacho de mirada triste, con quien cruzó un par de palabras mientras el viejo mercenario Lionel Hofstadt, a quien acompañaba como su subordinado, charlaba con Lord Bloom en medio de la modesta celebración de la graduación de Eileen del Colegio de Alquimistas.

En aquel momento, la mezcla de melancolía y confusión que desencadenó el suceso ya estaba más que sembrada en su cabeza, incluso recordó pensar un par de formas de quitarse la vida, mientras escuchaba, sin atención, alguna conversación con Jürgen sobre los rumores respecto a sus dones regenerativos.

Todo comenzó como una sensación de incertidumbre que la abrazó a muy corta edad, unos 3 años, tal vez 4, cuando se lastimó un dedo con las espinas de las rosas del jardín de su madre. El ver cómo la pequeña herida sangrante se cerró de un momento a otro, trajo a su mente las primeras preguntas sobre el dolor y la sangre, las cuales, pensó, su madre resolvería un par de días después, cuando corrió a mostrarle cómo se le cerraba una cortada de cuchillo a lo largo de su brazo. La sensación de incertidumbre se transformó en inseguridad y soledad, al ver las lágrimas, el rostro horrorizado y el rechazo de Lady Bloom.

En adelante, escapes de casa, cortadas, caídas, huesos rotos, intoxicaciones, y más, serían sus intentos de experimentar con sus dones, y esto generaría un vaivén de discusiones con sus padres y visitas a varios expertos, que la dejarían durante los próximos años en un dilema entre la educación personalizada o el ingreso a un Centro de Acoplamiento, a lo cual su padre se negó rotundamente.

Cuando tuvo la edad suficiente, a su padre le fue imposible negarse a la petición de Lady Bloom de enviarla al Colegio de Alquimistas, después de todo, allí encontraría una formación más acorde a lo que se esperaba de su Casa. Odió a ambos por aquello.

Tener una adolescencia entre los no comunes le traería momentos más felices, y le haría saber, entre otras cosas, que el Don de Flujo no sólo eran habilidades regenerativas, sino que estaba vinculado con la profunda sensibilidad de su espíritu, la cual conocería a través de algo tan humano como el amor, con sus altibajos y tristes consecuencias.

Pronto se sentiría libre de experimentar con su cuerpo en busca de algún límite que no lograría encontrar, no con drogas, sexo, o más daños a su cuerpo. Y, eventualmente, una sensación de vacío prevalecería en ella, justo en medio de su aparente inmortalidad, y la fragilidad de su corazón.

De esta forma llegaron sus primeros intentos de suicidio: quemarse el corazón con una Vara de Control, cortarse las venas en los baños termales del Colegio, tratar de ahorcarse colgándose de uno de los tantos puentes por los cuales pasaban a diario los Enclaustrados, tratar de envenenarse con las pociones clandestinas de Claire. Todos y cada uno fallaron, complicando la vida de Gwen como su compañera incondicional, y llevando noticias escabrosas a sus padres, lo cual le generó cierta culpa por su divorcio, un par de años después de su ingreso al Claustro.

A pesar de todo, Eileen siguió recibiendo visitas periódicas de Lord Bloom, sin embargo, tras su primer intento de suicidio, no volvió a ver a su madre. Tal vez ese sería el aliciente para lo que creía sería una decisión fatal.

Semanas antes de la graduación recibió una carta, donde su madre le diría que la vería en Férrea para la celebración. No fue así, pues, en una corta llamada, le explicaría que su viaje se retrasaría hasta un par de días después, a lo cual Eileen respondería ofreciéndose a recibirla personalmente en los muelles de Férrea.

Llegó de mañana a los muelles, un par de horas antes del tiempo acordado, para abrirse paso dentro del inmenso Faro de Hadrianus. Si bien el Faro era operado por empleados de la Corona, y el acceso de civiles estaba restringido en los pisos superiores, los guardias le permitieron pasar sin chistar al ver el loto floreciente de la Casa Bloom.

Mientras ascendía por las escaleras en espiral, se afianzó en la idea de que el miedo a la muerte no había desaparecido completamente, y que su inmortalidad no estaba asegurada, pues nunca antes había intentado despedazar su cuerpo. Cuando se halló a una altura en la que los transeúntes podían confundirse con hormigas, buscó un compartimiento vacío, se tomó su tiempo para beberse una botella del hidromiel especial de la Casa Sørensen, regalo de graduación de la Reina Astrid, y, entre lágrimas, se lanzó por el ventanal.

Eileen: ¿Alguna vez has visto cómo tu alma se rompe en mil pedazos?

Jürgen: Sólo en un sentido figurativo.

Eileen dibujó una sonrisa cálida.

Eileen: Bueno, esa es la mejor forma de explicar lo que sentí. En un momento vi venir el suelo hacia mí, al siguiente, me sentí ciega y dispersa por todas partes, sin poder distinguir dónde estaba mi cuerpo… existía infinito dolor, pero de ninguna forma hubiera podido decir de dónde provenía.

El cigarrillo se había terminado.

Eileen: Todos mis sentidos seguían ahí, pero no existía un recipiente para ellos. Escuchaba miles de voces hablar… todo tipo de voces, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, niños, bebés… y pasos, muchísimos pasos.

Con el ruido de la muchedumbre incrementando, Eileen le dio la espalda a la vista del Faro.

Eileen: No podría decir por cuánto tiempo escuché las voces, pero fue el suficiente tiempo para empezar a confundirlas con mi propia voz… el dolor, el horrible dolor… era la sensación de no poder distinguirme a mí misma… de lejos, lo peor que he podido sentir jamás.

Jürgen:

Eileen: De nuevo, no podría decir cuánto tiempo pasó, de hecho, difícilmente podrías pensar si el tiempo existe en donde sea que haya estado… pero, poco a poco, cada voz se encontraba en algún lugar, al igual que los pasos que escuchaba… hasta que logré entender que todas y cada una de las voces eran mías, al igual que los pies que caminaban con ellas. Mi visión, mis sentidos… regresaron.

Jürgen: Entonces ¿despertaste?

Eileen: Para nada… es decir, sí… desperté, pero… en otros cuerpos.

Jürgen: ¿Otros cuerpos?

Eileen: Caminé, sentí… viví… en los cuerpos de todas las voces que escuché… todos esos hombres, mujeres y niños. Conocí sus tristezas, alegrías… placeres y dolores… por supuesto ¡conocí lo que es que no sanen tus heridas!

El comentario hizo reír a Eileen, y contagió a Jürgen con su diversión.

Jürgen: Vaya… entonces, tu alma… se impregnó en espíritus débiles.

Eileen: Supongo que podríamos ponerlo de esa forma, pero jamás estaría segura de ello.

Jürgen: Pero… ¿cómo volviste?

Eileen: Cuando murieron, por supuesto. Cada uno de ellos. Al final de la última de mis muertes, no sabría cuál de todas, pero, luego desperté en alguna mansión en Germania, con Padre a mi lado.

Naturalmente, Eileen sólo pudo enterarse de lo que ocurrió después de su caída a través de rumores. Se decía que sus extremidades, tejidos, sangre y sesos, quedaron esparcidos por todas partes: en los muros del Faro, en los autos y transeúntes que tuvieron la mala fortuna de pasar por ahí, en las ropas de los guardias que resguardaban el edificio. Supo que su madre llegó justo a tiempo para ver el espectáculo, más de una persona fue necesaria para sacarla del lugar, y sus gritos quebrados se escucharon por todo el muelle principal.

Su padre llegó un par de horas después, tras el aviso de los oficiales del Faro, y se llevó lo que pudo encontrar de sus restos: las extremidades rotas que encontró dispersas a metros del lugar del impacto, y el bulto amorfo que contenía lo que quedaba de su cráneo y torso. Tiempo después, Lord Bloom le confesaría que puso sus restos en una cama por varios días, pues un chico de cabello y ojos negros que pasaba por el muelle, le dijo que ella seguía viva. Era Jürgen Brandt.

Así fue, con el paso de las semanas, Lord Bloom contempló como el olor a podredumbre en sus restos jamás apareció, luego sus órganos se reconstruían lentamente, su corazón volvía a latir, sus pulmones a respirar, su cráneo y extremidades a conectarse o reformarse desde pequeños filamentos. Despertaría más de 6 meses después, sintiendo que había salido de una larga y tranquila siesta.

Jürgen: ¿Viviste… todas sus vidas?

Eileen: Así es, como te lo dije antes, conocí sus tristezas y alegrías, amores y decepciones, abrazos, caricias, besos… golpes, empujones, cortadas… orgasmos, enfermedades, partos… guerras y tiempos pacíficos... cosas hermosas, y cosas atroces. Tal vez no pueda asegurar haber vivido todo lo que hay por vivir, pero estuve bastante cerca. No bromeaba cuando decía que difícilmente podía existir el tiempo en donde estuve.

Una expresión de sorpresa se hizo notar en el rostro de Jürgen.

Jürgen: ¿Y… recuerdas cada una de esas vidas?

Eileen: Es demasiado para recordar. Viví lo que perfectamente podrían haber sido cientos de vidas e incontables años, pero ahora sólo parecen sueños distantes.

Jürgen: Ya veo.

Eileen: Hay tres cosas que puedo recordar perfectamente, estoy bastante segura de que jamás las voy a olvidar, pues sueño con ellas de vez en cuando. Son tres de mis muertes, y, ahora que lo pienso, creo que deberías escucharlas.

Jürgen: ¿Tres muertes?

Eileen: En la primera era un soldado, en algún tipo de guerra, moría en una trinchera… después de forcejear unos minutos, miraba un cielo gris mientras un enemigo… un soldado franco… me apuñalaba sin parar con su bayoneta.

Eileen: En la segunda era una mujer… vieja… me hallaba en alguna calle de Férrea…la niebla y los edificios son inconfundibles. La misma niebla tomaba la forma de un par de brazos alargados, que destruían dos tejados al posarse sobre ellos, muy distanciados el uno del otro, un par de manos negras... gigantes… luego… de la niebla también surgía el enorme rostro de una bestia con ojos redondos y amarillos. Después de fijarse en mí con sus horribles ojos, me aplastaba con una de sus manos… sólo podía ver aquella mano venir hacia mí y oscurecerlo todo.

Eileen: La tercera es la que más me aterra de todas, me despierta en las noches cuando la sueño. Soy un niño, me encuentro huyendo de algo, corriendo sin parar por las calles de algún pueblo. Paro de vez en cuando para mirar hacia atrás… otras personas huyen conmigo, y en el fondo puedo ver una especie de torrente, un tornado… o remolino que gira hacia el cielo… del color azul grisáceo más pálido que puedas imaginarte.

Jürgen: ¿Azul grisáceo?

Eileen: Así es, podrías incluso confundirlo con el gris de las nubes previas a la tempestad… venía de aquel torrente, y parecía empezar a tinturar todo lo que había en el horizonte. Seguía corriendo sin parar, saliendo del pueblo hacia un camino junto a algunos cultivos…hasta que mis piernas y pulmones no podían responder más y me vi tirada en la carretera. Aquel azul contagiaba todo, venía hacia mí de forma imparable, levantando la tierra como si acabara con la gravedad… juro que vi casas, personas, ganado, tractores y automóviles levantarse y flotar en el aire. Ninguna de las personas que huían conmigo se detenían a ayudarme, entonces seguía tratando de escapar a lo que estaba causando el torrente, arrastrándome como pudiera en medio del polvo.

Jürgen:

Eileen: Pronto aquel azul comenzaría contaminar todo lo que me rodeaba, el pasto y los cultivos comenzaban a deshacerse y todo calor desaparecía. Mientras mi cuerpo comenzaba a levitar, veía cómo todo se convertía en un paisaje muerto, la gente a mi alrededor perdía su rostro y, tiesos, se tornaban de ese horrible color. Sin poder si quiera gritar, un frío sin igual me invadía, sentía que me secaba desde adentro, y el aire se iba de mis pulmones lentamente… lo último que veía era el cielo azul grisáceo, y la desolación que seguía esparciéndose por todos lados, como si ese torrente succionara la vida de todo a su alrededor.

La expresión seria de Jürgen denotaba las mismas incógnitas que aquellas vivencias generaban en Eileen.

Eileen: ¿Crees que sea un vistazo del futuro?

Jürgen: T-

Un par de golpes secos a la puerta del castillo de proa se hicieron escuchar.

Sven: ¡Capitán! ¡Eileen! Los militares nos buscan, ya es hora.

El relato de Eileen los sumergió tanto, que olvidaron que la Wildfire ya había atracado en puerto, incluso habían ignorado a la bullosa muchedumbre que los esperaba con ansias.

Jürgen: Ya habrá más tiempo para hablar de eso.

Eileen asintió.

Jürgen: ¿Por qué no me hablaste esto antes?

Eileen: ¿Por qué apenas me lo preguntas?

El capitán se tomó con gracia el comentario de Eileen, y, tras darle un beso en la frente, se adelantó en dejar el castillo de proa.

Eileen: ¡Oye, Jürgen!

Antes de abrir la puerta, el capitán se dio la vuelta.

Eileen: Deslumbran las estrellas.

Jürgen sonrió y le otorgó una pequeña reverencia.

Jürgen: Oscuro es el cielo.

Eileen se tomó una pequeña pausa, para luego descender de la vieja nave entre el rechinar de la vieja madera y el ajetreo de la tripulación. Al bajar por la escalera que conectaba con la plataforma del muelle, encontró un pasillo de marineros vestidos de blanco, cada uno dirigiendo un saludo militar a ella y a los chicos.

Ya en la plataforma, encontró un pequeño tumulto de militares y algunas personas, vestidas tan elegantemente como ella. Para su sorpresa, entre ellos se encontraba Lord Bloom, quien se acercó apresuradamente.

Padre: ¡Hija!

Un abrazo caluroso y un beso en la mejilla marcaron sus saludos. Lord Bloom estaba vestido al igual que siempre, con su traje citadino, dejando ver la cadena dorada de su reloj de bolsillo, y el escudo de armas de loto floreciente bordado en su pecho, que lo caracterizaba como cabeza de su Casa. Las expresiones faciales que compartía con Eileen se veían un poco golpeadas por el paso de los años, los cuales también habían dejado algunas canas en su cabellera negra.

Eileen: Padre… pensé que te vería en el Palacio Real.

Sostuvo suavemente las manos de Eileen, mostrando sus característicos anillos dorados en los meñiques, y de metal irregular negro en los pulgares. Esta costumbre había sido imitada por su hija desde corta edad, y observarla también en sus manos le generó una expresión nostálgica.

Padre: Oh, mi pequeña margarita… no tengo mucho tiempo, así que será mejor apurarme.

Su padre procedió a sacar algo del bolsillo de su chaqueta para entregárselo a Eileen.

Padre: Lo ordené a tu medida, espero te guste.

Eileen: Oh. Gracias, padre. Está precioso.

Era una banda bordada en hilos de oro rojo, blanco y dorado, con el detalle de loto floreciente acabado de forma fina para lucirse en el brazo, adornado con diamantes en el botón de la flor. Era un precioso símbolo de su Casa, el cual Eileen procedió a engarzarse de inmediato.

Padre: Llévalo a todas partes, homenajea a tus ancestros y a tu viejo padre. Estoy muy orgulloso de ti.

Otro cálido abrazo se vio interrumpido por una pequeña criatura que se les aferró a ambos a la altura de las piernas, era su medio hermano, Nathan, producto del segundo matrimonio de Lord Bloom. Eileen cargó al niño tomándolo del torso, meciéndolo con cariño.

Nathan: ¡Hermana!

Eileen: ¿Y tú qué haces aquí?

Padre: Se rehusó a quedarse con su madre, hizo berrinche para poder verte… no pude negárselo.

Jürgen: Lord Bloom.

Detrás de Eileen, el capitán se acercaba con una reverencia, se había puesto el cinto con su característico par de espadas, y unos guantes negros.

Padre: Capitán Brandt.

Un solemne apretón de manos se dio entre ambos.

Padre: Entiendo que tenemos varios asuntos por discutir, los espero en mi Villa después de la presentación.

Jürgen: Por supuesto.

Eileen: Oye, Jürgen. Te presento a mi hermanito, Nathan.

El capitán se acercó al chico, aún en brazos de Eileen.

Jürgen: ¡Hola, campeón!

Sin respuesta, el niño se sacó un papel doblado del bolsillo de su pequeño traje, y se acercó a la altura del oído de Jürgen y Eileen, comenzando a hablar en voz baja.

Nathan: Es para ti, la mujer pálida me pidió que te lo diera. Pero es un secreto… shhhh.

Confundido, Jürgen tomó el pedazo de papel.

Clayton: Capitán Brandt, Señorita Bloom, Lord Bloom.

Clayton se acercaba para recibirlos.

Padre: Coronel Clayton.

Clayton: Buenos días. Ofrezco mil disculpas, Lord Bloom, pero necesitamos llegar a tiempo para la ceremonia en el Palacio Real.

Padre: Por supuesto.

Su padre asintió, y, tras despedirse estrujando una mano de Eileen, procedió a llevarse al pequeño Nathan.

Mientras eran conducidos con los demás miembros de la Decuria a través de la plataforma, Eileen se fijó en Jürgen, y cómo leía lo que estaba escrito en aquel papel. Los militares, en cabeza de Clayton, comenzaron a conducirlos a través de un pasillo hecho con cordones de terciopelo y escoltado por marineros de vestidos de blanco, al igual que al bajar de la Wildfire.

Comenzaban a pasar en medio del tumulto, arengas, saludos, disparos de cámaras, gritos y ovaciones a lado y lado fueron lo que encontró Eileen al caminar a través de la plataforma. Se trataba de todo un escenario montado para lucir a las nuevas armas de la Alianza.

Hugh no se despegaba de Claire, en realidad le agradaba cómo se veían juntos en vestimenta formal, comentando quién sabe qué cosa entre risas. John Towers caminaba erguido mirando alrededor, como con precaución, pero dedicando un saludo militar al publico de vez en cuando. Mark, con su característica pipa en la boca, miraba a todos lados con expresión risueña, y se agachaba de vez en cuando para hablar algo con Ruby. La pequeña Princesa de Hielo se había puesto un par de guantes blancos con su vestido, y Eileen perfectamente podía confundirla con una muñeca. Sven, más alto que todos, caminaba en medio de Lana y Kitty, quienes decidieron lucir su belleza aquel día como nunca antes Eileen había visto. Habían abierto un escote a sus vestidos, y Kitty se había atado un zafiro a cada nudo de su enorme trenza rubia, cada uno de un color distinto.

Jürgen se acercó a Eileen y le entregó el papel, para luego hablarle al oído.

Jürgen: Cambio de planes. Tú irás al Norte, yo volveré a Germania.

Cuando Eileen trató de responderle, se vio interrumpida por Ruby.

Ruby: ¡Capitán! ¡Mira esto!

La niña alzó sus brazos con gracia hasta formar una “V” con su cuerpo, en conjunto con este gesto, el agua de cada lado de la plataforma se alzó con vigor a varios metros de altura, formando arcos por encima de todos los presentes. Cuando Eileen miró hacia arriba, esperando que el agua cayera sobre ella y toda la multitud, encontró pequeños copos de hielo descendiendo lentamente sobre todo el lugar, refractando un poco del brillo del Sol. Fue una maniobra preciosa, que multiplicó las ovaciones del público. Jürgen se dirigió a Ruby, poniendo sus manos sobre los hombros de la pequeña chica en gesto de complacencia.

Con el capitán alejándose, a Eileen sólo le quedo leer el contenido de aquel pedazo de papel.

“Querido Capitán Brandt.

Es de conocimiento público la magnitud de sus hazañas, y la velocidad con la que su organización ha pasado de convertirse en una humilde apuesta de la Casa Bloom, y de su intrépida iniciativa, a la compañía de mercenarios con los mejores guerreros del mundo.

Le damos la bienvenida a Anglia con un fraterno saludo, siendo conscientes de las capacidades de la Decuria 44, y esperando que este gesto de reconocimiento sea recibido con reciprocidad por usted y sus subordinados, especialmente después de habernos dado a conocer en el suburbio de Bradbury.

A propósito de lo cual, ofrecemos sinceras disculpas por los daños colaterales sobre Lady Harris. Nuestra prioridad en aquella misión, después de atemorizar a los militares, era averiguar quién se nos adelantó en descubrir que las Joyas de Aaron I eran en realidad el Collar de Invierno, no nos imaginamos que usted estaba detrás de esto, ni que Lord Harris enviaría personalmente a su hija al lugar. Como verá, hicimos todo lo posible para mantener sus intenciones previas y salvaguardar la vida de la heredera del Palacio de Permahielo.

Es innegable que se acercan tiempos turbulentos, y que es apremiante conocer si nuestras visiones del mundo son compatibles. Esto no nos queda claro después de las acciones de la señorita Claire en el Banco Real, sin embargo, estamos seguros de que sus intereses no tienen nada que ver con los de las monarquías.

No hay razón por la que no podamos dialogar al respecto. No me parece conveniente para ninguna de las partes ser rivales en las guerras por venir, o en la búsqueda de las Joyas de la Orfebre. Desafortunadamente, el curso de nuestra misión me ha obligado a abandonar Férrea, por lo cual espero verlo lo más pronto posible en Stadt der Lichter.

Con el mayor respeto y admiración,

Magdalena Kopp, en nombre de La Facción.

PD: Ofrezco mil disculpas a la señorita Bloom por utilizar a Nathan como medio para este mensaje. El niño no sufrió ningún daño, y, a partir del momento en que le entregue esta carta, olvidará completamente que esto ocurrió.”

 

 

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