Parte 10: Fiebre de Oro
Fiebre de oro. La copa se veía un poco sucia, algo polvosa, al igual que la botella desde la cual se estaba llenando del extraño licor de la región. Anna veía con atención el chorro que emanaba de ésta, como si eso le permitiera verificar que el líquido no fuera a intoxicarla de alguna forma. En realidad, era tarde para eso, pues iba por su quinto trago. El sabor anizado de lo que los pobladores llamaban aguardiente le parecía excesivamente dulce, pero le agradaba el calor que ponía en su pecho y en sus mejillas. El resto de aquel remedo de cantina era como la botella: sucia y polvosa. Anna se hallaba sentada en la barra, mientras esperaba al estrafalario Augusto Ross. Decidió voltearse un poco y darle la espalda a la chica que la atendía para divisar el resto del espacio. Las mesas de madera desgastada tenían 5 ocupantes entre todas ellas, hombres morenos o mestizos que bebían cerveza o aguardiente con una expresión similar. Rostro y cabeza caídos, tal vez por c...