Parte 1: Convergencia
Convergencia.
Brandt: Por favor no cierres la puerta, sólo puede abrirse desde
dentro.
Ruby tomó un ladrillo al pie de la puerta de la terraza para ponerlo contra
ésta. Y avanzó, cansada y asustada, hacia donde estaba Brandt. El capitán estaba
recostado en una de las sillas de descanso bajo aquel techo metálico,
resguardándose de la llovizna y encendiendo un cigarrillo.
Ruby: ¿Quería verme, capitán?
Brandt: Así es, temo que no hubo momento para charlas
introductorias, ni lo habrá más adelante. Entonces… ¿cómo estuvo?
Ruby miró fijamente a Brandt, de expresión vacía, ni siquiera temeraria.
Tras un silencio incómodo trató de correr hacia la cornisa, pero vomitó antes
de llegar a su objetivo y se quedó de rodillas, llorando en silencio y
paralizada. Escuchó los pasos lentos de Brandt al dirigirse hacia ella,
mientras el resto del mundo se oscurecía.
Cuando volvió a abrir los ojos se encontró con su cuerpo desparramado en
una de las sillas de descanso, al lado de Brandt. Ruby trató de incorporarse,
al percatarse el capitán de que había despertado, le ofreció un pedazo de tela
que arrancó de su capa, empapado en agua de lluvia.
Brandt: Tu cara.
Ruby: … Gracias,
señor.
Mientras pasaba aquel trapo negro por su cara trató de recordar cómo llegó
ahí aquella sangre, y en realidad no pudo averiguarlo. Su primer contacto con
el “terror” de la guerra había ocurrido horas antes, cuando fue enviada a hacer
reconocimiento a la calle del edificio donde ahora se hallaba, al final del
combate por la ocupación de aquel distrito.
Sus años de entrenamiento le habían dado una alta calificación en sigilo e
infiltraciones, por lo que se ofreció con nervios junto a dos de sus camaradas
cuando Brandt lo requirió. Era una chica delgada y pálida, de menos de 1,60
metros de estatura, era difícil notar su presencia incluso si se esforzaba en
ello, por lo que pensaba que, entre otras cosas, había nacido para el sigilo. Todo
su entrenamiento se desmoronó cuando, al traspasar un callejón solitario,
sintió la presión de un alambre en su cuello, y la fuerza de su atacante,
levantándola del piso.
Pensó que era su fin, pero al recuperar la consciencia se vio amordazada y atada de pies, con un infante galo sujetándola con fuerza de las manos contra el piso, y otro encima de ella tratando de desvestirla.
Era obvio, al darse cuenta
de que se trataba de una mujer, aquel grupo de infantería franca buscaría
satisfacerse como último deseo, pues sabían que una división germana, con
Brandt en la vanguardia, estaba terminando de arrasar con la ciudad.
En realidad, Ruby ni siquiera tuvo tiempo de gritar, segundos después de entrar en sí, escuchó un sonido metálico por encima de su cara, y vio la cabeza del infante que le sujetaba los brazos desprenderse de su cuerpo.
Con frialdad,
tomó el cuchillo en el cinto del otro infante y se lo clavó en la garganta, sus
nervios se habían ido. Una figura negra y espectral se detuvo a ver si ella
estaba bien, luego siguió en su carrera, fue una masacre a cargo de sus
compañeros. Ruby no logró recordar si la sangre que se limpiaba salió de la
garganta del soldado que mató, o del cuello del soldado decapitado por Brandt.
Brandt: ¿Mejor?
Ruby: Sí señor… le ruego me disculpe. Perdí de vista el
protocolo de infiltración y nos puse a todos en riesgo.
Le entregó aquel trapo negro, Brandt lo recibió con expresión afable.
Brandt: Es cierto, pero riesgo no es exactamente lo que había en
ese nido.
Brandt, se paró de su silla para fumar, dándole la espalda.
Brandt: ¿Cuántos?
Ruby: ¿Q-qué?
Brandt: ¿A cuántos mataste? Estoy seguro de que alguien que
maneja un arma semiautomática con tanta precisión tiene tiempo para contar
cuántas vidas toma.
Ruby: V-veintiséis… veintisiete… uno con daga, señor.
Brandt: Entonces estuvo bien, ¿primer combate oficial?
Ruby: Sí, señor.
Brandt toma una bocanada de humo.
Brandt: Definitivamente mejor que mi primera vez. Salí de mi Centro
de Acoplamiento como combatiente destacado. Pero en mi primera batalla me cagué
en los pantalones y me paralicé por quince minutos, cuando todo terminó, habíamos eliminado al pelotón enemigo, pero nos faltaban cinco camaradas, camaradas
que era mi trabajo cubrir.
Ruby: ¿También intentaron violarlo ese día, señor? ¿o en
cualquier otro combate?
Brandt rió, lo cual Ruby halló inusual de acuerdo a los comentarios previos
de sus camaradas sobre el capitán. Sin embargo, empezaba a sentirse más cómoda
en la conversación, incluso capaz de expresar su típica irreverencia.
Brandt: Hay algo que me genera curiosidad, ¿por qué esperaste
hasta ahora para el colapso emocional?
Ruby: Necesitaba estar sola, no es bueno mostrar debilidad
frente a desconocidos, menos en tu primer día en el ejército… al menos esa era
mi intención, pero fracasé frente a usted.
Brandt: Hoy mostraste más fuerza que tus predecesores, el último
tardó diez minutos en ponerle la cara a una ojiva de artillería.
Ruby: Gracias… señor.
Brandt: Debes saber que los motes de jerarquía militar no se
usan en mi escuadrón, toman tiempo y eso es poco práctico.
Brandt se volteó hacia Ruby mientras seguía entretenido en su cigarrillo.
Brandt: Entonces, ¿hace cuánto te certificaron?
Ruby: Dos meses, luego de la instrucción me asignaron a su
decuria, señor.
Brandt: Bastante poco, o tienes muy mala suerte o tus superiores
confían demasiado en tu talento. Por tu bien, esperemos sea lo segundo y que
ellos tengan razón.
El capitán Brandt le dio la espalda y se alejó hacia la esquina de la
cornisa a terminar su cigarrillo.
Brandt: Vamos con las preguntas comunes ¿por qué estás aquí?
Ruby: Para pelear por mi país, señor.
Brandt se volteó y mostró una sonrisa burlona, que Ruby replicó.
Brandt: Y el Emperador habita en el corazón de todos nosotros… Ahora
dime de verdad ¿por qué estás aquí?
Ruby se acercó a la cornisa, al lado del capitán. Sintiendo un poco más de
calma en sus pulsaciones, se limitó a observar el cielo grisáceo del día.
Ruby: Ya sabe, he sido básicamente criada para esto. A parte
de la comodidad de la vida militar de élite, no hay muchos lugares en la
sociedad para personas como yo.
Brandt: Como nosotros… Y eso no es necesariamente cierto.
¿Sabías que no soy germano, cierto?
Ruby: Algo he escuchado.
Brandt: ¿Qué más has escuchado?
Brandt se agachó un poco, poniendo los codos sobre el muro de la cornisa.
Ruby: Que las naciones se pelean por sus servicios. Que
estuvo con la Alianza Oriental en la guerra anterior, y con los galos en las
guerras coloniales. Además, los muchachos allá abajo enfatizaron en que puede “ver
todo” y que nadie puede matarlo.
Ruby quedó a la expectativa, temerosa de haber metido en problemas a sus
compañeros. Brandt tiró lo que quedaba de su cigarrillo por la cornisa y volvió la
mirada al cielo gris de aquella tarde, el cuál se entremezclaba con el humo
ascendente del bombardeo previo sobre la ciudad.
Brandt: Bueno, antes de que me juzgues por traidor o desleal,
debo repetir que no nací en Germania. Y que la colonia de la que vengo
difícilmente siente afecto hacia el Emperador.
Brandt saca su paquete de cigarrillos, y se lo extiende a Ruby, quien toma
uno amablemente. Tras encender el cigarrillo de Ruby y el suyo, Brandt
continúa.
Brandt: Cuando se llega a las situaciones que he llegado, es muy
fácil notar que no existe nada de patriotismo en las órdenes de los superiores.
A la larga la muerte, el sufrimiento, la guerra… no respetan ningún tipo de
nacionalidad, y el privilegio con el que nacemos nos puede dar lujos como el de
cambiar al bando que pague mejor. Por mí, eso debería ser motivo de orgullo.
Eso y que los semitas solían tener un muy buen opio.
Ruby rió con tranquilidad al saber que el capitán se tomó a la ligera sus
comentarios. Su extraña elocuencia la hacía sentir más segura.
Ruby: Se podría decir entonces que vivimos para la guerra.
Brandt: Decir que los elegidos nacimos para ser armas es una
afirmación triste, pero parece ser cierto en la mayoría de los casos.
Ruby: Entonces ¿esa es su motivación? ¿el dinero?
Brandt: ¿Motivación? Es la primera vez que me hacen esa pregunta
en este contexto.
Ruby: ¿Entonces?
Brandt optó por sentarse al borde del muro de la cornisa, con sus pies al
vacío.
Brandt: Más que motivación, pienso que se trata de un camino, un
camino que recorremos todos los no comunes, y que nos deja pocas opciones.
¿Sabes? Desde que se supo de nuestra existencia entre los seres humanos, hemos
venido cumpliendo el mismo papel.
Ruby: ¿Definir guerras y carreras tecnológicas?
Brandt: Desde hace cientos de años es la misma cuestión. Digo,
hemos sido clasificados, perseguidos, discriminados, y hasta glorificados. Pero estamos aquí para darle un empujón a la trama de la
humanidad... mi interrogante es hacia dónde damos ese empujón, o si de verdad
importa la dirección del empujón.
La expresión de Brandt ahora parecía inusualmente despreocupada, Ruby recostó su cadera
sobre la cornisa de cara opuesta al capitán, pero cruzando sus brazos dispuesta
a seguir escuchando, y buscando resguardarse del frío que empezaba a hacerse
sentir.
Brandt: Ruby ¿cuáles son tus dones?
Ruby: Lo usual para un pelotón de élite, destreza en
combate, manejo de armas, sigilo. Y…
Brandt: ¿Y?
Ruby tocó con su índice izquierdo el hombro de Brandt, la tela empezó a
cubrirse con una pequeña capa de hielo que parecía formarse desde su dedo, las
inofensivas gotas de agua que caían del cielo se hacían sólidas cerca de su
mano.
Brandt: Impresionante, bastante impresionante. ¿a qué edad te
diste cuenta que podías hacer eso?
Ruby: Tenía 4 años, quería una limonada más fría. No sé por
qué, pero sentía que podía quitar el calor del vaso, terminé congelando la
mitad de la mesa… Ese día mi mamá estaba en la cocina, dos semanas después
estaba en el Centro de Acoplamiento.
Ruby separó su dedo lentamente del hombro del capitán, y era como si el
hielo que creó se lo hubiera llevado con éste. A medida que abría su mano, el
hielo tomó la forma de una pequeña daga, con formas incluso reglamentarias de
la dotación del Imperio. Se la entregó a Brandt, quién dejó su cigarrillo en la
boca para recibirla.
Brandt: ¿Y a qué edad aprendiste a hacer esto?
Ruby: Tomó bastante tiempo, pero a los quince ya se decía que
mi habilidad podía determinar un combate.
Brandt: ¿Y esa era tu intención? ¿Dominar un combate?
Ruby: N-no…
Brandt tocaba y miraba de reojo la obra de la novata.
Brandt: Siempre es lo mismo, empezaste queriendo enfriar un
líquido, luego darle forma al hielo, ahora supongo que buscas levantar
glaciares sobre las calles. Todos queremos más… Mark, tu camarada del hierro,
sueña con levantar puentes de la nada. Sven, el chico musculoso, con
derribarlos de un solo golpe… Si me preguntas, mi motivación es igual a la
tuya, nosotros siempre queremos más.
Ruby: ¿Cuáles son sus dones, capitán?
Brandt: Supongo que lo sabrás en el campo de batalla.
Ruby: Oh, vamos. No es justo.
Ruby se sintió con la libertad de mostrarle una mueca infantil de
desaprobación al capitán. Después de todo, sólo tenía diecisiete años, de los
cuales había pasado la mayoría siendo entrenada en un Centro de Acoplamiento a
las afueras de la capital germana.
Brandt se quitó el cigarrillo de la boca para desecharlo.
Brandt: ¿Sabes? La primera vez que tomas una vida para proteger
la tuya, es un momento especial, lo más cercano a la plena satisfacción.
Incluso si lo sientes por un par de segundos, la sensación de imponerse para
sobrevivir es insuperable. En adelante, cada combate será un intento de volver
ahí.
Ruby: ¿Entonces esa es su motivación? ¿Matar? ¿La guerra?
Brandt: ¿No has prestado atención a lo que dije? La idea de
querer más nos domina, nos complace y a la vez nos atormenta. La vida militar
suele llevarnos a la idea de detentar más poder y descargarlo sobre el enemigo,
pero sólo es una cortina para una búsqueda sin fin. Ese deseo imposible de
satisfacer puede recaer en cualquier cosa, y siempre será igual.
Brandt tomó un respiro, cerrando los ojos, y levantando su cara hacia el
cielo. Ruby tomó una última bocanada de humo y, tras tirar la colilla al vacío,
ocultó la mano bajo su otro brazo, el frío era penetrante y la llovizna
empezaba a volverse lluvia.
Brandt: Godric Stafford creía que la convergencia de las formas,
un proceso meramente matemático, ocurriría con las sociedades humanas, sólo que
de una forma más retorcida, y que los no comunes liderarían ese proceso. ¿Has
escuchado de él?
Ruby: Sólo si es el mismo Godric Stafford que se inmoló en un
discurso presidencial e inició las guerras coloniales.
Brandt: Bueno, hay quienes creen que era uno de nosotros, y a
juzgar por sus memorias escritas, yo también.
Ruby: ¿En serio?
Brandt: Con sus notas sobre su vida, su carrera académica y
política te vas a sentir identificada. Son textos clasificados, es decir muy
caros. Pero puedes pedírmelos cuando quieras.
La lluvia se intensificó, y un imponente trueno cortó la conversación. Ruby
no lo soportó más, e hizo señales de dirigirse hacia donde podía resguardarse
del agua, creyendo que Brandt haría lo mismo. Pero la voz del capitán la detuvo,
entonces volteó para mirarlo.
Brandt: El tipo se siente realizado en los inicios de su
carrera, pero gradualmente es como si perdiera el ánimo. Insatisfacción,
ansiedad, desesperación. Vacíos en el pecho, diálogos internos…
Ruby: ¿Cosquilleos en la nuca?
Brandt: Aaaahhh… ahora sí estamos hablando.
Ruby: ¿Eso quiere decir que nunca se van a ir?
Brandt: No que yo sepa, pero aprendes a vivir con ello.
Enfocarte en tu camino ayuda mucho, pero ten cuidado con volverte muy buena, o
terminarás como él.
Ruby: O como la mayoría de elegidos famosos.
Brandt: Nos hacemos mejores mientras vaciamos nuestro espíritu,
es bastante irónico.
Brandt puso la daga de hielo sobre el muro en que estaba sentado, y sacó de
nuevo su paquete de cigarrillos, lo que Ruby halló extraño ¿cómo fumar con esa
lluvia? Sin embargo, de forma casual ésta fue cesando, bastante rápido para ser
coincidencia ¿o era su imaginación? Para cuando le ofreció uno, no caía agua,
pero la tormenta seguía cinco metros delante de la cornisa, lo que la
sorprendió mucho. Con el paquete en su mano extendida, Brandt continuó.
Brandt: Hay quienes tienen la suerte de enfocarse en las cosas
correctas, e incluso pueden vivir con las expectativas de los comunes. Riqueza,
amor, familia… ¿Mark ya te mostró la foto de su esposa y su hijo?
El capitán, viendo que su ofrecimiento fue ignorado esta vez, enciende un
cigarrillo para sí mismo y guarda el paquete.
Ruby: Sí, es una mujer muy guapa.
Brandt: Sí que lo es, y no hay día en que no la presuma.
Ruby: ¿Usted se ha casado, capitán?
Brandt: No, aunque lo consideré en determinado momento.
Ruby miró la cara del capitán, y sonrió con una intriga propia de su edad.
Ruby: ¿En serio? ¿Y quién fue la afortunada?
Brandt: Pasó hace bastante tiempo, en mi Centro de Acoplamiento,
una chica de alguna colonia calurosa del sur.
Ruby: ¿De verdad? ¿Y cuál era su habilidad?
Brandt soltó una risa corta.
Brandt: Salirse con la suya.
Ruby: Oh vamos…
Brandt: Sí, es cierto… no era la más fuerte, la más veloz, ni la
más astuta. Y definitivamente no tenía la mejor puntería. Pero pasó todas sus
pruebas, incluso aquellas de supervivencia en la intemperie. Digamos que se
trata de un nivel de diplomacia irrealmente efectivo, en tanto tuviera cómo
interactuar con algo vivo, podía ponerlo a su favor. Yo solía decir que incluso
sin balas o una daga, ella tendría la mayor probabilidad de sobrevivir en
cualquier combate.
Ruby: No sabía que existían ese tipo de dones.
Brandt: Te sorprenderías.
Ruby: Supongo que era muy bonita.
Brandt: Lo es… ¿sabes? El amor de una mujer definitivamente
escapa a todo lo que creo. No hay nada como eso, estremecerse por la presencia
de alguien. Extasiarse por sentir su piel, o simplemente hipnotizarse por verla
caminar. Es algo sublime, es… todo un problema.
Ruby ignoró completamente lo que pasaba con la lluvia, y se fijó en el
encanto que tomó el capitán al hablar de esa manera. No lo concebía en un
personaje tan sombrío.
Ruby: Pero… ¿qué pasó? ¿por qué terminó?
Brandt soltó otra risa corta, desechando lo que quedaba de su
cigarrillo.
Brandt: Imagina enamorarte de alguien que puede tener a
cualquiera a sus pies.
Ruby, se fijó en la expresión ahora sombría del capitán, que parecía mirar
con atención al horizonte. El silencio se rompió con más truenos, cuando Ruby miró
en esa dirección, parecía que caían sólo en una zona específica delante de
ellos, un par de cuadras con casas y edificios bajos.
Ruby: Suena… complicado.
La novata ahora miró alrededor, no era su imaginación, la tormenta caía con
fuerza en todos lados, excepto sobre aquella terraza.
Brandt: Sí, algo así. Pero esa es otra historia.
Ruby: ¿Cómo se llamaba?
Brandt: Anna, se llama Anna. Si aún no ha muerto, por supuesto.
Lo último que supe fue que se unió al ejército… al ejército del Reino de Galia y sus colonias en ultramar.
Brandt: Oh… entonces el capitán Brandt sí puede morir.
El capitán volteó su mirada hacia Ruby, y ambos rieron por unos segundos.
Los truenos caían cada vez más seguido, uno detrás de otro, y sólo sobre
aquella zona. Definitivamente no era coincidencia.
Brandt: ¿Sabes? Amor, familia, dinero, poder… todo es igualmente
difícil de llevar. Pero sentirse cómodo con al menos uno de ellos puede ser lo
mejor que te pueda pasar. Hará tu camino más llevadero, o incluso te sacará de
él.
Ruby: Habla como si nuestras vidas estuvieran condenadas al
sufrimiento.
Brandt tomó otra pausa para suspirar con los ojos cerrados.
Brandt: Hay algo peor que el sufrimiento. Cuando un combate se
hace tan predecible que imaginas cómo, en cuánto y a cuántos vas a matar…
incluso definiendo la hora en que vas a descansar para fumar en una terraza.
Cuando sobrevivir es tan fácil, cualquier otra cosa se hace predecible, y eso
definitivamente nos deja solos en el mundo. Es algo vacío, sin sentido… ¿Qué te
puede sorprender o consolar en adelante? Es como si lo único que tuvieras en tu
vida es ese cosquilleo en la nuca, y ese par de amigas de allá.
Brandt señaló sus dos espadas, puestas en una funda de dos espacios,
opuestas en sus empuñaduras. En combate, las llevaba sobre su espalda, a la
altura de la cintura y de forma horizontal. Ruby lo había visto danzando con
ellas horas antes, era un espectáculo terrorífico, algo que nunca había visto.
Ruby: Vamos, si sigue hablando así me hará desertar.
Ruby sonrió y logró contagiar al capitán.
Brandt: Bueno, es lo que hay… Stafford hablaba de convergencia,
pero nunca tuve claro si se refería a una sociedad ideal, o a nuestro auto
exterminio. Tal vez nuestro papel se incline por buscar la primera. En ese
caso, se podría decir que nacimos para cambiar el mundo, pero eso no tiene
mucho que ver con nuestra propia felicidad.
Ruby persistió en su diversión.
Ruby: Bueno, en ese caso, creo que el papel de mercenario no
ayuda mucho ¿no cree?
Brandt parecía alegre en aquel momento. Reía mientras seguía mirando con
atención hacia los truenos, cuya frecuencia empezaba a cesar un poco.
Brandt: Digamos que tengo mi forma de hacer las cosas.
Los truenos seguían cayendo allí, la novata no pudo contener más su
curiosidad.
Ruby: Capitán… ¿usted está haciendo eso?
Brandt dibujó una sonrisa llena de confianza.
Brandt: Ruby… ¿tienes apellido?
Ruby: Schloss… Ruby Schloss.
Brandt: Ruby Schloss, bienvenida a la decuria 44. Sólo sigue
órdenes y no mueras.
Hasta donde alcancé ,es una lectura fácil y corrida, ¡tiene una buena trama!
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