Parte 16: Paradoja del guisante y el Sol
Paradoja del guisante y el Sol.
La delicadeza de los arpegios del arpa, en acompañamiento del resto de la
sinfonía de cuerdas y vientos, se agolpaban hacia un silencio, tras el cual se
daba inicio a la danza agridulce que proponía el violín que protagonizaba
aquella pieza musical dramática, que emanaba de su nuevo tocadiscos.
Se trataba de una hermosa melodía, un refinado vals que encajaba
perfectamente con las horas matinales en las que Gwen se encontraba admirando
el reflejo de su cuerpo desnudo en el enorme espejo de la recámara. Así lo
hacía todos los días, pero esta mañana se caracterizó por la grata sorpresa del
disco de acetato que Luke le había hecho llegar. Era una muestra de cuánto la
conocía, como si el Mayor hubiera puesto aquellas notas y acordes sólo para
ella.
Mientras avanzaba su pieza musical, pensamientos sobre si aquel vals representaba
una tragedia o una tragicomedia se cruzaban con su auto admiración. Observaba
su pálido cuerpo desde la cabeza hasta los pies, sintiéndose perfecta con cada
una de sus partes: sus negras cejas delineadas con carácter por la naturaleza,
el juego de sus ojos grisáceos con sus mejillas prominentes pero delicadas, las
perforaciones tradicionales que llevaba en sus labios, nariz y oído izquierdo,
también negras, al igual que la enorme maraña de cabello dominada por una
trenza a medio terminar, que descendía por encima de su clavícula y pechos de
rosados pezones, pasando por la curva de su cintura, hasta quedar colgando a la
altura de la entrepierna.
La armonía de las notas hizo que decidiera recorrer de arriba hacia abajo,
con la punta de sus dedos, cuanto pudiera tocar de su figura, hasta encontrar
sus manos puestas sobre su vientre, en el cual sentía un agradable calor. Los
matices envolventes del ritmo del arpa y el canto del violín, la llevaron a dar
vueltas de forma involuntaria sobre sus pies empinados, girando sus muñecas
como si se tratara de alguna de las bailarinas que veía ocasionalmente en las
fiestas de la Corte.
Por alguna razón, Gwen había despertado aquel día sintiendo más amor propio
que de costumbre, incluso a pesar de las fatídicas circunstancias de los
últimos días. Observar su propia danza en el espejo amplificaba la sensación de
bienestar del sofisticado vals que se dispersaba por la habitación,
tanto así, que no pudo diferenciar el momento en que el canto del violín se
convirtió en llanto, y la pieza sinfónica se había sentado completamente en la
tragedia. La prolongada canción finalizó con un conjunto de notas tristes, pero
que no perdían la belleza de su composición ni siquiera un poco. Ahora el
silencio era la novedad en su recámara, acompañado del sonido de la lluvia que
podía observar a través de la ventana, era el inicio de un día como cualquier
otro en Férrea.
Clyde: Lady
Harris.
La voz de su mayordomo llegó tras un par de golpes a la puerta de la
habitación.
Gwen: ¿Sí?
Clyde: Buen
día, Su Excelencia. El Mayor Hill está aquí, solicita su presencia de inmediato.
Mientras se alisaba la parte de su cabello que aún no había enlazado en la
característica trenza de las damas de alta alcurnia del Reino, Gwen miró hacia
el reloj.
Gwen: No
debería estar aquí hasta dentro de una hora.
Clyde: Así
es… parece que son ordenes de Lord Harris. Su Excelencia es solicitada en el Palacio
Real.
Gwen: ¿En
el Palacio Real?
Clyde: Así
es, Su Excelencia.
Gwen: Bajaré
en un momento.
Clyde: Informaré
al Mayor, con su permiso.
Era una novedad, que definitivamente tenía que ver con el caso del atentado
al Banco Real, por lo que Gwen se apresuró a terminar de ordenar su trenza, atando
el extremo con uno de sus broches favoritos, el de zafiro azul del Rus. Acto
seguido, puso un par de anillos en sus dedos índice y meñique de cada mano,
para ataviarse con el traje azul oscuro con que los oficiales de la Marina
visitaban el Palacio Real. Tras ajustarse sus credenciales, algunas
pertenencias, una pistola, y su Vara de Control al cinto, quedaría lista para
partir con algo de perfume en el cuello y sus guantes para el frío.
Descender por la escalera principal de la Villa de Brighton generaba golpes
muertos de sus pasos con las alfombras, lo cual le parecía bien, pues
discrepaba del deseo de su padre de poblar el lugar con sirvientes sólo para
ella. Encontró a Luke sentado en un mueble de la sala de estar, mirando con
concentración la lluvia de aquella mañana.
Gwen: ¿Hay
algo distinto sobre esta lluvia con respecto a las de los demás días, soldado?
Luke espabiló inmediatamente, para ponerse de pie y ofrecer una reverencia
a Gwen, lo cual le hizo inferir que Clyde estaba detrás de ella. El Mayor,
acorde al protocolo real, venía vestido de un traje similar al de Gwen, lo cual
le produjo un extraño tipo de ilusión.
Clyde: ¿Desea
algo de desayunar, Su Excelencia?
Gwen: No,
partiremos de inmediato.
Luke se apresuró a abrirle la puerta antes de que pudiera cruzarla, y tomó
un paraguas que había puesto en la entrada, para escoltarla hacia la limusina
que los llevaría al Palacio Real. Una vez adentro, y asegurándose que la
división con el compartimiento del conductor estuviera bien cerrada, se
abalanzó suavemente hacia Luke para darle un beso prolongado.
Luke: Buenos
días.
Gwen: La
música… estaba perfecta.
Luke sonrió con complacencia.
Luke: Podría
decir que pensé en ti al escucharla, pero pienso en ti todo el tiempo.
Las palabras dulces del Mayor aceleraban su corazón y le producían
desconfianza en la misma medida, por lo que decidió apartarse de él. Ésta era
una sensación habitual, y tal vez Luke entendiera aquello como una consecuencia
de la diferencia entre sus clases sociales, pero la atracción y desconfianza que
él podía producirle a Gwen eran algo que había estado ahí desde que se
conocieran, años atrás, en sus inicios en la Marina Real.
Gwen: ¿Alguna
idea de qué quiere Padre?
Luke: Hay
un consejo de seguridad en el Palacio Real en este momento… Clayton ha solicitado
permiso para avanzar sobre el sultanato, dice que no podemos quedarnos sin
respuesta ante el atentado.
Gwen: Suena
como la excusa perfecta, era la pretensión de McCann y Schultz… hasta que no
pudieron pretender nada más.
El comentario despertó una sonrisa en Luke, la cual Gwen notó hasta fijarse
en el panorama a través de la ventana del auto. La lluvia era común en la gris
ciudad del hierro, era parte del paisaje lúgubre que podía representar, incluso
en sus construcciones más bellas. La fría y lluviosa Férrea le podía parecer
una cárcel, y a la vez un melancólico paraíso.
Luke: Tal
vez, pero Clayton tiene algo de razón… es el peor momento para mostrar
debilidad por parte del Rey. Azraq está lejos de aquí, pero si no podemos
encargarnos de los francos causando problemas a medio mundo, los enemigos con
los que dormimos podrían sentirse animados… justo como se animaron en el Banco
Real.
Gwen: No
sabemos si fue obra de Galia… y tengo el fuerte presentimiento de que esto no
es de su autoría.
Luke: ¿De
verdad?
Gwen: Así
es.
Luke: Bueno…
el punto es que es nuestra tarea averiguar quién está detrás de lo del Banco
Real… y por eso nos convocan.
El tema del Banco Real significaba una completa molestia. Hasta ahora, los
indicios que había encontrado apuntaban a una sola conclusión, de la cual no quería
estar segura hasta comprobarla definitivamente, o hasta que una agradable
coincidencia le indicara otra cosa. Por esta razón, Gwen decidió suspender la
conversación y fijarse en el paisaje de la ventana.
Autos, personas con enormes abrigos y paraguas en mano, caballos empapados
empujando carruajes o cargando oficiales de policía, el sonido del tranvía en
conjunto con el bullicio de las calles y el sonido del rebote del agua
levantada por las llantas sobre el pavimento. Gwen no supo en qué momento llamó
hogar a un lugar tan triste.
La enorme rejilla que caracterizaba la entrada del Palacio Real se abrió
para recibirla, la edificación del Rey y de todos los Anglos no le era algo
ajeno, sin embargo, no dejaba de sorprenderse cada que tenía oportunidad de
estar en aquel lugar. De amplios pasillos, vastos jardines y enormes cúpulas,
Gwen podía perfectamente pensar que el Palacio Real acaparaba una distancia
infinita hasta no recorrer la última de sus habitaciones.
Tal fue el pensamiento que procesó mientras bajó de la limusina y fueron
escoltados por un par de guardias hacia el lugar donde fueron requeridos, pues
la sensación de inmensidad nunca dejó de parecerle satisfactoria. El recorrido
terminó en un enorme pasillo, adornado con cristalinas ventanas a cada lado,
las cuales daban a amplios jardines bañados por el aguacero. Gwen y Luke
procedieron a detenerse frente a la enorme puerta donde asumían se estaba dando
el consejo de seguridad, sin embargo, el guardia los guió hacia una puerta del
lado del pasillo, dejándolos en un jardín que ya le era familiar.
Guardia Real: Por favor, esperen aquí hasta que sean convocados de nuevo.
El guardia se marchó con una reverencia, mientras Luke optó por cerrar la
puerta que conectaba el pasillo con el jardín. Gwen aprovechó su estatura para
recostar los brazos, y su cara encima de estos, en los soportes de piedra que
separaban la estancia del jardín, dedicándose a contemplar la estatua que
protagonizaba aquel lugar: el Llanto de Brianna.
Luke: Gwen,
¿estás bien?
El Llanto de Brianna era una magnífica escultura, más antigua que el Reino
Anglo moderno, que representaba tanto el fino arte que trajo el Imperio
Latínico a las islas de Anglia, como su dominio aplastante, que sometió a las
monarquías nativas. Desplegaba la figura de Brianna La Justa, última reina
consorte de los británicos, gritando y llorando desconsoladamente ante el
asesinato de su hijo, Brian el Joven, trigésimo cuarto y último rey británico,
quien en aquella figura era perforado con una lanza y levantado del suelo por
el espléndido conquistador Appius de Circasia, al final de la Cuarta Conquista.
Gwen: ¿Te
fijaste en los hombres de túnica que entraban a la Sala?
Luke: Altos
Jerarcas.
Gwen: Así
es.
Los detalles finos y precisos de la escultura no eran lo único que la hacía
impresionante. Encima de ésta, se construyó una especie de techo cristalino con
un filtro, de tal forma que, al llover, las gotas que caían del cielo se
pausaban para posarse lentamente sobre el rostro de Brianna, emulando un llanto
incontrolable, que hacía juego con la refracción amarillenta del techo
cristalino para producir una escena lúgubre y desgarradora cada que llovía, lo
cual ocurría la mayoría del tiempo en Férrea.
Gwen: Me
pregunto si vinieron aquí por cuenta propia o fueron convocados por el Rey… ni
siquiera se trata de nuestra Iglesia.
Luke: La
explosión se hizo en su nombre… o algo parecido… sienten la necesidad de
defenderse.
Gwen: ¿Crees
que sientan que su culto desaparecerá en algún momento?
Luke: Lo
dudo… supongo que mientras el Sol se alce cada mañana, los fieles tendrán una
razón para creer en la Iglesia del Sol… después de todo, esa es su labor en
este mundo, brindar esperanza.
Gwen: Esperanza.
Luke se acercó para ponerse a su lado, su estatura sólo le permitía
inclinarse con las manos sobre los soportes de piedra.
Luke: No
creo que lo entiendas, después de todo, sé que tu preferencia es por el Último,
así lo ocultes… pero es lo normal, hay algo que hace que tu gente se incline
por el Último… un “algo” que sólo entienden los tuyos.
Gwen: ¿Te
refieres a mi Casa?
Gwen lo miró con algo de enfado, lo que provocó una risilla en Luke.
Luke: Para
nada, me refiero a ustedes, los elegidos.
Una expresión de confianza emergió del rostro de Gwen, pues tenía claro que
Luke no sabía mucho de lo que hablaba, y eso le parecía un poco tierno.
Gwen: Creo
que no entiendes de qué se trata… ¿tienes un cigarrillo?
El Mayor tomó una cajetilla de cigarrillos de uno de los bolsillos de su
traje para ofrecérsela a Gwen, y encendió uno para sí mismo, tras asistirla con
un encendedor que sacó de otro bolsillo.
Gwen: A
diferencia de la maraña de religiones e ídolos que la mayoría de los comunes
han aceptado a través de la historia, el Último no es una especie de deidad
divina y creadora del universo… sino que más bien representa lo contrario.
La expresión expectante de Luke nació en medio de una bocanada de humo.
Gwen: En
realidad, es una interpretación bastante simple… la leyenda del Último nos enseña
que los demás dioses ideados por la humanidad no son más que una aproximación
errónea a la comprensión de la infinita realidad, nacida de nuestros mismos
deseos, tradiciones e impulsos a través de la historia.
Luke: Yo
soy el último, porque conozco a todos los que vinieron antes de mí.
Gwen: Así
es.
Luke: Entonces…
¿cómo es que es el Último el único dios plausible?
Gwen rio por un momento, y, tras fumar de su cigarrillo, prosiguió con su
explicación.
Gwen: No
lo es… Una de las primeras lecciones que puedes aprender de Theophrastus XXV al
ingresar al Colegio de Alquimistas, es entender que no hay una doctrina humana
que sea capaz de explicar y manipular completamente los aspectos de la realidad.
Luke: Creo
que ya no entiendo de lo que hablamos.
Gwen alzó sus ojos en señal de impaciencia, y procedió con su conversación
mientras se fijaba otra vez en el Llanto de Brianna.
Gwen: Los
alquimistas podemos entender y manipular algunos aspectos de la realidad según
nuestra habilidad, utilizando medios de transmisión para nuestra voluntad… como
signos esenciales, palabras específicas, simbolismos formales o…
Gwen sacó su Vara de Control, agitando aquel bastón y dándole un par de
vueltas antes de volver a enfundárselo.
Gwen: Si
bien la alquimia es una doctrina de los no comunes, progresar en su dominio
depende del aprendizaje de algún medio de transmisión de la voluntad… el que
nos siente mejor.
Luke: …
Gwen: Son distintas
formas de entender y manipular la realidad, sin embargo, ninguna es perfecta… hasta
ahora, ninguna nos permite entender por completo los misterios del universo, o
apropiarnos de sus leyes para manipular nuestro entorno a conveniencia… todas
alcanzan alguna limitación o error en algún momento… Theophrastus me explicó
esto con la paradoja del guisante y el Sol.
Luke: Cuéntame
más… hasta que pueda entenderlo.
La expresión torpe de Luke disminuyó la impaciencia de Gwen, amaba cómo su
porte ensanchado y sus ojos negros emanaban inocencia en algunos momentos.
Gwen: El
Sol, y algo tan insignificante como un guisante tomado de algún tazón, comparten
su forma… ambos pueden entenderse como esferas, y, a pesar de que son objetos
completamente distintos en la realidad, los sistemas formales de símbolos que
nos permiten entender y medir su forma son incapaces de diferenciarlos en el
mundo de las ideas… no pueden evitar ser más que… esferas.
Luke: …
Gwen: Incluso,
si utilizáramos la matemática más sofisticada, sus deducciones nos llevarían a
concluir que podemos trocear un guisante y armar un Sol con sus pedazos… algo
completamente descabellado, ¿no?
Luke: Así…
es.
Gwen: Pero,
eso no significa que en realidad podamos tomar un guisante y convertirlo en el
Sol, al menos no por ahora.
Gwen se detuvo para contener algo de risa, lo cual extrañó a Luke.
Gwen: Simplemente
demuestra las limitaciones de las doctrinas y artificios de la humanidad para
intentar comprender el mundo y divulgarlo entre nuestros semejantes… por más
rigurosas y sofisticadas que sean.
Luke se aproximó por detrás de Gwen, para tomarla de la cadera y hablar a
su oído.
Luke: No
tienes idea de cómo me prende escucharte hablar así.
El gesto de Luke fue tentador para Gwen, pero ella era consciente del lugar
en que se hallaban, así que tomó sus manos para alejarlas de su cuerpo.
Gwen: La
paradoja del guisante y el Sol es la forma más fácil de explicar el mensaje del
Último… la realidad es única y divina en sus propios términos, por lo que las
doctrinas de la humanidad siempre fallarán en el intento de comprenderla y
representarla a través de cualquiera de sus sistemas de símbolos o credos.
Gwen: Si
bien Theophrastus enseñaba esta limitación de las doctrinas para impedir que
los futuros alquimistas cayeran en el error de buscar el medio de transmisión de
voluntad perfecto… esta alegoría también explica perfectamente el despropósito
de todas las religiones de los comunes… en la búsqueda de iluminación divina, los
dioses que crean sus doctrinas sólo terminan representando la visión del mundo
de ciertos hombres, razas y culturas… y, por supuesto, si tienes más de una de
estas doctrinas… tendrás confrontaciones estúpidas, como la que nos tiene hoy
en el Palacio Real.
Luke: Tal
vez se trate de eso ¿no crees? De hacer que cada guisante del tazón pueda
sentirse un poco parecido al poderoso Sol del medio día.
La expresión divertida de Luke hizo saber a Gwen que había entendido su
relato.
Gwen: Tienes
algo de razón, el Misterio de la Individualidad fuerza a los seres humanos a
sentir la realidad únicamente desde su propia perspectiva… de esa forma, sería
imposible que no haya algo de divinidad en nuestra conciencia… pero, eso es
distinto a elaborar un relato que ligue la divinidad a algo tan mundano como
nuestras costumbres y prejuicios ¿no crees?
Luke: Está
bien, tú ganas.
Tras dedicar una sonrisa a Luke, y empinarse para darle un beso que quedó
entre la mejilla y el labio, Gwen volvió a su contemplación del Llanto de Brianna.
Gwen: Como
sabrás, para los no comunes el contacto con la naturaleza de la realidad es un
poco más fuerte, por lo que es natural que nos decantemos por la doctrina del
Último… pero no es algo que entendamos desde nuestro nacimiento.
La caída de las gotas de agua a través de la vieja escultura de Brianna,
había hecho que acumulara más humedad y musgo a través del tiempo que las
figuras de Appius o de su hijo, denotando más desgaste, como si aquel acto
simbólico representado en la escena hubiera podido perpetuarse en la piedra que
lo originaba. Ahora, Gwen sentía algo de similitud entre la expresión de
Brianna y el triste final de la sinfonía con la que inició su día.
El chirrido de la puerta cristalina indicó el regreso del guardia.
Guardia Real: Lady Harris, es solicitada en la Sala. Por favor, acompáñeme.
Luke asintió, haciéndole entender que aquella invitación no lo incluía.
Tras cruzar la enorme puerta que la separaba de la Sala, sintió como si
hubiera entrado a otro mundo. El frío que percibió afuera se había esfumado
totalmente, y la iluminación de bellos candelabros y lámparas cristalinas le
hizo ver una infinidad de obras de arte metropolitano adornando las paredes. Unos
20 metros adelante, se encontró con el consejo de seguridad, al menos la mitad
del Gabinete Estatal, mandos militares que incluían al coronel Clayton y a su
padre, los Altos Jerarcas que vio entrar, y, por supuesto, el Rey.
Todos los asistentes al consejo de seguridad se hallaban sentados en una
enorme mesa redonda, con sillas similares, excepto por la del Rey, adornada de
forma no tan exagerada. Todos, excepto el Rey, se fijaron en Gwen mientras se
acercaba a la reunión, hasta que fue anunciada por el guardia que la trajo.
Guardia Real: Su Excelencia, la teniente coronel Harris, de la Marina Real.
Acercándose al estrado de la Sala, Gwen se dispuso a presentar sus honores
a los asistentes.
Gwen: Sus Excelencias,
lords altos mandos del Ejército, Su Alteza… buen día-
Sus palabras fueron interrumpidas por su padre, sentado unos dos lugares
cerca del Rey, mirando de frente hacia el estrado.
Padre: Asumo
que todos somos familiares con mi hija… Lady Harris fue designada por el alto mando
para comandar la investigación respecto al atentado del Banco Real… desde su experiencia
en asuntos coloniales e internacionales, así como su participación en las
últimas campañas de la Marina Real, ha demostrado mayor idoneidad que cualquier
otro oficial de la Oficina de Inteligencia Naval… A continuación, nos
presentará un resumen del estado de la investigación.
Gwen se preguntaba qué tan cierto era lo de su idoneidad para aquel
trabajo, pues todo había sido obra de su padre. Sentado con su cabello y bigote
canosos, sus perforaciones en la boca, y la expresión segura que caracterizaba sus ojos grisáceos, había
interrumpido la presentación de Gwen sólo para indicarle tácitamente que expusiera
lo que le había reportado la última vez que pudo hablar con él, era una maniobra
que le era demasiado familiar.
Gwen: Hasta
ahora tenemos un saldo de 74 fatalidades en el radio de la explosión, y un par
de centenares heridos… asumo que las pérdidas monetarias no son del interés de
este consejo. Los equipos técnicos de investigación, han hecho sus respectivas
incursiones, basados en las posibles áreas de escape para los autores, y en
testimonios de algunos sobrevivientes, la colaboración de la Policía Distrital
ha sido absoluta, por lo que agradezco a los Altos Mandos. Hasta ahora, hemos
hecho 45 capturas, sin embargo, ninguna nos ha servido para confirmar la
hipótesis de la mayoría de los testigos.
Clayton: Supongo
que los muchachos no han disfrutado demasiado de tener que ir a la Cueva, pero
tienen una venganza por cumplir … ¿Lady Harris, puede ilustrarnos de nuevo en
esa hipótesis?
Gwen: Por
supuesto… Los testimonios indican que el atentado fue perpetrado por dos
sospechosos, hombre y mujer, no tenemos un relato exacto sobre sus rostros,
pero sabemos que hablaban con acento local. Entraron al banco disparando indiscriminadamente,
haciendo una declaración de guerra a nombre de una especie de organización
fundamentalista: Dorado Amanecer. Los testigos insisten en que no se llevaron
nada, excepto algunas joyas de la Cámara de Exposiciones Públicas. Tras cerrar
las puertas del banco y asegurar a los rehenes, generaron confusión con vapor y
luces, detonando explosivos tras la entrada de la Policía distrital. No tenemos
indicio exacto de si murieron o no en la explosión, sin embargo, la forma en
como desarrollaron el atentado nos lleva a pensar que ejecutaron un plan de
escape.
Rey Henry: ¿Quiere decir que ni siquiera tenemos certeza de si siguen vivos?
Gwen: No
exactamente, Su Alteza. Las incursiones en los suburbios aledaños nos han dado
pistas sobre movimientos extraños en días anteriores, por lo que hemos podido definir
algunas capturas e indicios que nos lleven a la procedencia de los culpables…
por esta razón, hemos prolongado el cierre y vigilancia de las salidas de la
ciudad y las fronteras de la isla.
Padre: ¿Alguna
información sobre las joyas que pudieron haber tomado?
Gwen: Desafortunadamente,
la explosión deshizo y carbonizó la mayoría de los metales preciosos en la
Cámara… sin embargo, hemos podido hacer un rastreo de los diamantes y piedras
preciosas en el lugar, la recuperación de la mayoría de éstas progresa, sin
embargo, resalta la ausencia de-
Rey Pierre: Las Joyas de Aaron I.
Gwen: Así
es, Su Alteza.
Clayton: ¡Mierda!
Un golpe sobre la mesa alteró el silencio de la Sala, tras lo cual Clayton
clavó su mirada en los Jerarcas.
Clayton: ¿Algún
indicio sobre este… Dorado Amanecer?
Gwen: Negativo,
Señor. El recuento hecho sobre el asentamiento de algunas organizaciones
delictivas e insurgentes en Férrea no nos arroja nada relacionado a Dorado Amanecer,
tampoco sobre algún tipo de movimiento pro latínico o de restauración… la
colaboración de otras agencias de inteligencia nos ha llevado a la misma
conclusión. A través del mundo, tenemos innegable existencia de algunos
movimientos fundamentalistas con grupos armados o hasta gobiernos en las colonias
del sur, sin embargo, todos se muestran inofensivos, o incluso aliados del
Reino.
Gwen se fijó en la expresión nerviosa de los dos Jerarcas, sabía que no
tenían idea alguna sobre lo que estaba pasando.
Clayton: ¿Y
Galia?
Gwen: El
distanciamiento con el Reino de Galia se ha aseverado desde Sílica y Azraq, sin
embargo, no tenemos un solo indicio para relacionarlos con el atentado.
Rey Henry: ¿Podemos inferir que se trata de una pantalla de algún otro tipo de
movimiento insurgente?
El Rey de los anglos mostraba una especie de expresión despreocupada en su
rostro de media edad, para el gusto de Gwen, se trataba de un hombre guapo, de
porte sereno y cabello y ojos negros, quien destilaba su educación de alta
alcurnia incluso si trataba de evitarlo. Gwen se preguntó con qué tanta
frecuencia de verdad asistía a consejos de seguridad.
Gwen: Así
es, Su Alteza, es una de las posibilidades contempladas, el estallido social
que buscan algunos movimientos colectivistas en Germania ha hecho eco en Ang-
La puerta por la que entró se abrió de manera brusca, lo suficiente para
interrumpir a Gwen. Un oficial de la Marina entró apresuradamente, casi
trotando. Para acercarse a Gwen, con una reverencia para ella y para todos los
presentes.
Oficial: Su
Excelencia, sargento McClintock, Marina Real. Su Alteza, mis lords. Traigo un
mensaje urgente de Inteligencia Naval para Lady Harris, máxima prioridad.
El oficial le entregó un papel doblado, tenía escrita la frase “Este es
grande, teléfono público.”. Gwen tenía presente el lenguaje de Harry Shaw, el
mafioso de la Cueva había tenido una línea directa con la Oficina de Inteligencia
Naval, pues era el único dispuesto a colaborar con la inserción de los
oficiales de Gwen al interior de los suburbios, cobrando un alto precio, y
favores que Gwen no estaba segura de poder cumplir.
Gwen: Su
Alteza, sus Excelencias, temo que debo retirarme, asuntos prioritarios de la
investigación.
Tras la mirada perpleja de Clayton y algunos presentes, Gwen se apresuró
casi tan rápidamente como el sargento McClintock a abandonar la sala.
Gwen: Escúchame
bien, pide al comando central dos pelotones con ametralladoras, así como
implementos para asegurar calles en caso de ser necesario. Que se unan a mi
limusina en la avenida principal en unos 20 minutos… también requiero munición
de pistola y polvos de combate de la A a la G, dos bolsas de cada uno… y algún
abrigo que pueda cubrir este traje, igual para el Mayor Hill ¿entendido,
soldado?
McClintock: Sí, señora.
Luke se unió a la prisa de Gwen tras una señal desde el pasillo,
abandonando el Palacio Real lo más pronto posible. En cuanto la limusina pudo
encontrar un teléfono público en el camino, Gwen se dirigió hacia él para
marcar el número de Shaw, el cual tenía memorizado.
Shaw: Lady
Harris, es un placer saludarla.
Gwen: Cuéntame.
Shaw: Un
no tan humilde ciudadano se mudó hace un par de días al suburbio de Bradbury,
con suficiente dinero para pagar su estancia de forma rápida… no llegó con más
que un par de maletas a una casa malviviente… mis muchachos lograron averiguar
que es un casero, y que una de las casuchas que renta se encontró vacía cuando la
Policía Distrital hizo su amable visita tras la explosión. La casa está
sospechosamente cerca del Banco Real, y no hallo motivos para que un hombre
como él se mude a un lugar tan peligroso como Bradbury ¿no lo cree?
Gwen: ¿La
casa de la que hablamos la última vez?
Shaw: Así
es, Su Excelencia.
Gwen: Dirección.
Shaw: Serán
50.000 rupias, Su Excelencia, he pasado bastantes dificultades para ubicar esta
información, y, si soy sincero, Bradbury no es mi zona.
Gwen: Tendrás
lo que quieres.
Shaw: Bradbury
546, le recomiendo ir lo más pronto posible, creo que nuestro amigo sabe que
algo anda agitándose. Sea precavida, estaré cerca asegurándome de que sus
muchachos no tomen más de lo que necesitan tomar… repito, no es mi zona.
Gwen colgó el teléfono y volvió a la limusina para apresurar al conductor.
Luke: ¿Los
tenemos?
Gwen: Para
nada, pero esto nos acerca.
El encuentro con los pelotones en la avenida principal se dio como Gwen lo
ordenó, tras lo cual cambiaron de vehículo, pues entrar a Bradbury en limusina
no sería nada útil. Mientras transbordaba y se hacía con los elementos que
pidió a McClintock, Gwen le dio instrucciones sobre la incursión.
Gwen: Vamos
a Bradbury 546, necesito que el primer pelotón asegure las entradas al suburbio,
nadie entra ni sale del lugar hasta que nos retiremos. El segundo pelotón me
acompaña y asegura los alrededores de la casa… no quiero ningún tipo de
agresión, entraremos a revisar la casa y saldremos lo más pronto posible… no
nos conviene hacer enojar a los habitantes ¿entendido?
McClintock: Sí, señora.
Ya en el auto militar que la llevaba, Gwen comenzó a ajustarse el enorme
abrigo que le había sido entregado, junto con el cinturón táctico que contenía
las bolsas de Polvo de Combate que solicitó. Podría pensarse que era demasiado
para visitar un vecindario pobre, pero los sucesos recientes le habían demostrado
que eran tiempos complejos.
Luke: ¿Era
necesario tanto equipo?
Gwen: Me
considero una muy buena alquimista, pero acepto mis limitaciones. Nunca sabemos
con lo que podríamos toparnos… en cualquier caso, es mejor que sobren los recursos.
Luke: ¿Crees
que tu padre usaría tantos Polvos de Combate?
Gwen lanzó una sonrisa.
Gwen: Tal
vez usaría más… pero deberías ver a Claire, ni siquiera necesita una Vara de
Control.
Luke: Soldado,
deme su boina.
Luke le hablaba al soldado que se ubicaba en el asiento del copiloto, quien
entregó su boina sin chistar al Mayor. La puso en la cabeza de Gwen, y, tras
ajustarla, tomó delicadamente su trenza para ponerla por dentro del abrigo.
Luke: No
queremos hacer más ruido del que ya estamos haciendo.
Gwen aceptó el gesto de Luke, quien procedió a cargar un rifle que había
tomado de las provisiones que trajo el pelotón. Algo de nervios rodeaban la
piel de Gwen, mientras el convoy comenzaba a adentrarse en la zona suburbana
dentro de la que se hallaba Bradbury, casualmente, era el suburbio más al fondo
del sector, por lo que la presencia de fuerzas policiales o militares era
mínima o inexistente.
Llegó el momento de adentrarse en el suburbio, el camión que transportaba al
pelotón se detuvo en la entrada para hacer lo ordenado, mientras que el camión
del segundo pelotón y el auto que llevaba a Gwen se adelantó hacia la dirección
indicada.
Parecía un día tranquilo en aquel lugar, pocas personas recorrían las
calles desgastadas, o se posaban afuera de las casas decadentes, sin embargo,
Gwen notó que no había curiosos mirando desde las ventanas o las puertas, lo
cual le generó un presentimiento extraño. Sólo veía algunos transeúntes
calentándose con fuego hecho en recipientes de lata y resguardándose de la
lluvia en algunos techos. Acercándose a la 546, notó un puesto de venta de
frutas, un carruaje casi vacío de mercancía, atendido por un muchacho de no más
de 18 años de edad, con la cara sucia y el cabello revuelto. El chico también
la miraba fijamente, denotando algo que relacionó con desconfianza, incluso
rencor. Decidió que lo mejor era hacer su trabajo y salir de ahí.
Tras abandonar el vehículo en su destino, Gwen se fijó en McClintock, quien
ya estaba ordenando al pelotón asegurar la zona. Todas las casas tenían el mismo
diseño, y la misma puerta de hierro oxidado que denotaba la entrada de la 546.
Gwen se dispuso a avanzar, hasta que vio a Luke venir a su lado.
Gwen: Quédate
aquí, vigila la puerta.
El rostro de Luke cambió, poniéndose tenso, pero aceptó las órdenes de su
superior.
Rompió la puerta de una patada, y desenfundó su pistola para avanzar. Definitivamente
se trataba de una casucha decadente, suciedad e insectos podían verse correr
por lo que Gwen asumió era la sala de estar. Progresó en el camino, hasta
encontrarse con quien buscaba saliendo de la puerta de una habitación. No dudó
en apuntarle.
Gwen: Rápido,
hacia la habitación.
Ciudadano: Por favor, no me haga daño… tengo dinero… no me haga daño.
Caminando hacia atrás, el hombre se detuvo cuando sus piernas se toparon
con una cama destendida.
Gwen: Tranquilo,
venimos de parte de Inteligencia Naval, necesitamos que responda un par de
preguntas.
Ciudadano: Oh mierda.
Gwen: Shhhh…
¿cuál es su nombre?
Ciudadano: Brown… George Brown.
Gwen: Señor
Brown, necesito que me acompañe, sólo vamos a hacerle un par de preguntas-
Brown: Oh
mierda, mierda, mierda… j-juro que no tuve n-nada que ver, yo sólo acepté el
dinero… n-no hice nada más.
Gwen: ¿Qué?
Brown: Ellos
rentaron la c-casa… me pagaron un año por adelantado… incluso más… ¿c-cómo no
aceptar? ¿c-cómo iba a saber que harían eso? P-
El hombre estaba muerto de miedo, temblaba cada parte de su cuerpo, sus
piernas no pudieron sostenerse y cayó sentado sobre la cama que tenía detrás.
Gwen: ¿Quiénes?
Brown: L-los
dos muchachos… el chico y la chica.
Gwen: ¡Sus
nombres!
Brown: N-no
me dieron sus nombres, esa fue la única condición… p-pero no pensé que fuera
nada m-malo… recibo inquilinos que no d-dan su nombre todo el tiempo… le j-juro
que no tuve nada que ver.
Gwen no tuvo más opción que presionarlo, por lo que le disparó en el pie. Brown
soltó un grito de dolor, y Gwen se acercó para apuntarle en la cabeza.
Gwen: ¡Sus
nombres!
Brown: N-no
lo sé… lo juro… Era un chico alto, un poco moreno, nunca vi su rostro
detalladamente… L-la chica… era linda… piel blanca… y-
El hombre se alejó de la pistola de Gwen, arrinconándose hacia la pared de
la habitación, pero mirando fijamente a la teniente coronel.
Brown: S-s-í…
la chica se veía como usted… su rostro… se p-parece a usted… sólo q-que… sus
ojos… color m-miel.
Gwen: Mierda.
Los latidos de Gwen se incrementaron, incluso bajó su arma para poder tomar
aire y procesar la situación, moviendo su cabeza de lado a lado, como si
quisiera negarse todo, pero sabía que tenía todo el sentido del mundo.
Gwen: Maldita
Claire.
Brown: Por fav-
La única opción fue vaciar el proveedor en el pobre hombre, ahora Gwen
tenía muchas cosas por resolver, empezando por averiguar si su padre también tenía
algo que ver, o la misma Decuria 44. Sin embargo, en ese momento, sólo le
importaba salir de ese horrible lugar, así que se apresuró a dejar la casa.
Tras cruzar la entrada con la puerta derribada, volvió a encontrarse a Luke,
y notó que la lluvia se había detenido.
Luke: Q-
Gwen: Estaba
muerto… alguien llegó antes que nosotros… vámonos.
Luke: Pero-
Gwen: Tranquilo,
aquí la gente es asesinada todo el tiempo.
Gwen hizo señas a McClintock para que iniciara la retirada. Con prisa, se
dispusieron a salir del lugar, detrás del camión del primer pelotón. Ahora, el
estrés hacía que la sola vibración del auto molestara a Gwen, lo cual Luke notó
instantáneamente.
Luke: Gwen-
Gwen: ¡Estoy
bien!
La mirada del Mayor rondaba entre la sorpresa y el miedo, por lo que Gwen
decidió sólo mirar por la ventana del auto, sabía que debía disculparse, pero
sería en otro momento.
Un brusco freno detuvo el auto, chocándolo con el camión que venía adelante,
y obligando al conductor a salir.
Gwen: ¿Qué
mierd-
Se dispuso a salir del vehículo con Luke, pero el estruendo de una
explosión la desestabilizó y a lanzó al suelo. Ahora, sonidos de disparos desde
delante comenzaban a plagar la escena, sin tiempo para desconcertarse
desenvainó su Vara de Control y su arma, Luke tomó su rifle, como si buscara
cubrirla.
Gwen: Quédate
detrás y no hagas nada estúpido… ¡¿Dónde mierda está el primer pelotón?!
Avanzó lentamente con el auto como cubierta, notando que nadie respondía, y
luego vio por qué, el camión delante suyo se incendiaba, los soldados que
transportaba trataban de salir de éste para intentar apagar las llamas en medio
de aullidos de dolor, pero, en tanto se descubrían del frente, eran abaleados. Si
el segundo pelotón estaba siendo exterminado, sólo significaba que el pelotón
que se encontraba delante ya había sido ejecutado. No tenía idea de quiénes,
pero sabía que venían hacia ella, y fuertemente armados.
Gwen: Luke,
acércate.
En tanto tuvo al Mayor cerca, usó su Vara de Control para levantar un muro
de tierra en frente de su auto estrellado. Abrió de una patada la puerta de la
casa más cercana, pues no concebía más rutas de escape. Se trataba de eliminar
a quienes venían, o morir en el intento.
Gwen: Dispara
cuando destruyan el muro.
Luke asintió, apuntando con su rifle desde una de las ventanas de la casa.
Tras un silencio que le pareció eterno, el muro de tierra voló en pedazos. Gwen
estaba preparada, tomando un poco del polvo de combate C, y soplando lo que se
convirtió en un descomunal torrente de fuego.
Mientras veía quemarse a quienes venían del muro, comenzó a moverse hacia
adelante, sabía que con su velocidad difícilmente podrían apuntarle. Se trataba
de un grupo inusual, en tanto pudo tener algo de visión sobre su avance desde
el segundo piso de otra casa. Notó que eran personas vestidas igual que
aquellos que vio al entrar a Bradbury, tal vez eran ellos mismos.
???: ¡Oben
im zweiten stock!
Gwen: ¿Germano?
Una lluvia de disparos rompió los vidrios de la ventana por la que veía a
sus enemigos, definitivamente eran demasiados, así que decidió esnifar un poco
del polvo H. Con la velocidad y fuerza que le otorgaba, y con su Vara de Control
en forma de alabarda, se lanzó desde aquel segundo piso a la batalla. No contó
muy bien a cuántos pudo eliminar, cortó gargantas, perforó vientres y pechos,
disparó sus balas, pero no pudo ver el final de sus enemigos, eran demasiados.
En cuanto se resguardó de nuevo en otra casa, fue ubicada otra vez por los
guerrilleros, esta vez no sólo la atacaron con sus balas, una explosión derribó
el piso poco después de que saltara de éste, no teniendo más opción que
lanzarse a otra arremetida. Se sintió rodeada en determinado momento, incluso
sintiendo el roce de una bala en su brazo, pero, debido al Polvo H, esto sería
un problema para después.
Se vio forzada a quemar la mayoría de sus Polvos de Combate, escupió fuego,
levantó muros, lanzó relámpagos, e incluso explosivos. Pero la batalla no
parecía tornarse a su favor, tal vez podía considerar un escape, pero no
saldría de ahí sin Luke.
Gwen: ¡Mierda!
¡¿Luke?!
El tiempo no le dio si quiera para buscar a Luke, pues estaba siendo
atacada de nuevo, lo combatientes la obligaron a retroceder de nuevo, pero no
hallaba señales del Mayor. Necesitó enfrentarse a ellos en otra arremetida, y
así lo hizo, manchó su Vara y sus ropas con sangre, danzando sobre los cuerpos
de sus enemigos, hasta que algo la detuvo.
Uno de aquellos combatientes detuvo el corte de su Vara, lanzándola hacia
atrás. No entendió por qué los demás no procedieron a fusilarla, pues estaba
rodeada. Parecía que la habían dejado a merced de aquel soldado, rubio y
corpulento, con una camisa amarillenta y sin mangas, un machete en la mano
derecha, y lo que parecía ser una escopeta en la izquierda.
El hombre se lanzó hacia ella, enviando tajos y estocadas con una velocidad
descomunal. La arremetida del hombre la obligó a lanzarse hacia atrás con un
par de piruetas, pero esto no le dio descanso, pues la forzó a esquivar un
disparo. Sin tregua, los ataques del hombre la forzaron a retroceder, ahora sin
espacio para esconderse en ninguna casa, pues el combatiente la seguía a donde
fuera.
Así transcurrió una batalla donde Gwen empezó a tener la seguridad de que
moriría en cualquier momento, sin Polvos de Combate, y ahora con todo el
agotamiento que pudiera sentir, se mantenía en pie con su voluntad, esquivando
todo lo que pudiera darle aquella bestia.
Finalmente, se arrinconó con un par de piruetas hacia la pared de alguna
casa, y en ese momento sintió su muerte venir, pues tenía de frente la escopeta
de aquel hombre. Tras respirar profundamente lo que pensó sería su último aire,
dejó de resistirse, y escuchó el escandaloso disparo.
Acto seguido, se encontró tirada en el suelo, con una figura encima suyo. Tenía
tanta seguridad de su muerte que ni siquiera sintió el empujón del Mayor
salvándole la vida.
Gwen: ¿L-uke?
¿Qué mierda haces aquí?
Luke: G-gwen.
La voz del Mayor se entrecortaba, y sentía la dificultad del cuerpo que
tenía encima para respirar.
Gwen: ¡¿Luke?!
La sombra del hombre que la derrotó se hizo más grande, se acercaba hacia
ellos. Tal era la fuerza de aquel combatiente, que tomó a Luke de su abrigo y
lo lanzó sin problemas hacia la pared. Luego, apuntó con su escopeta a la cabeza
de Gwen.
???: ¡Kurt!
¡halt!
Una voz femenina en germano detuvo al hombre, quién volteó para buscar su
figura.
???: Hast
du nicht gesehen, wie viele von uns diese Schlampe getötet hat?
Ahora se acercaba la mujer dueña de aquella voz, poseía ropa harapienta, al
igual que todos con quién Gwen peleó, a diferencia de una fina y limpia boina
de color negro. A medida que la mujer se acercaba, Gwen aprovechó para
incorporarse y tratar de socorrer a Luke, pero el arma de quien se hacía llamar
Kurt la detuvo, mientras la mujer se agachó para mirar detenidamente su rostro.
???: Deshalb
muss ich sie zuerst treffen.
La mujer se deshizo de la boina que Gwen tenía puesta, y rápidamente pudo
ver la trenza que ocultaba en el abrigo, procediendo a sacarla lentamente.
???: Wir
sollten Englisch sprechen, wir wollen unseren Gästen gegenüber nicht
respektvoll sein.
Kurt hizo señas a Gwen para que se sentara sobre la pared, lo cual hizo sin
chistar, sólo se fijaba en Luke, a quien estaba registrando el corpulento hombre
rubio.
Luke: G-gwen.
La mujer tomó sus credenciales del cinto, así como su Vara de Control, la
cual parecía deleitarle.
???: Mmm…
muy bonito… había escuchado de las famosas Varas de Control de los alquimistas,
pero nunca había tenido la oportunidad de ver una de frente… este… ¿rubí?... se
ve bastante caro… ¿te importa si me la quedo?
Gwen no pudo responder de ninguna forma, sólo aprovechaba para voltear su mirada
a Luke, que parecía desangrarse.
???: Gwenevere
Arianne Carolyne Brunhilde… Sørensen-Harris… Oficina de
Inteligencia Naval.
Luke: G-gwen…
Gwen.
Kurt entregó las
credenciales de Luke a la mujer.
???: Temo
que no puedes matarla… ella es la hija de Archibald Harris, Lord Almirante de
la Marina Real.
Kurt: ¿Qué?
???: Así
es… y no sólo eso… su madre es la Reina Astrid… esta chica heredará el trono de
los Reinos del Norte algún día… si la matamos, causaremos una guerra que,
definitivamente, perderemos… cielos… nunca pensé que la enviarían a ella.
Luke: Gwen…
G-g-wen.
Ahora la mujer se fijó en
las credenciales de Luke.
???: Mayor
Lucas Hill, Oficina de Inteligencia Naval… está bien, éste sí puede morir.
Sin siquiera mirarlo, el
corpulento rubio apuntó hacia la cabeza de Luke y presionó el gatillo.
El resto del mundo se
silenció, hasta el punto de que Gwen no pudo escuchar si quiera sus propios
gritos, sin importarle la amenaza que representaba Kurt, se lanzó hacia el cuerpo de Luke, como si pudiera hacer algo por él. Se aferró a él por un tiempo que no
pudo imaginar, no existía nada más que el cuerpo que abrazaba con todas sus
fuerzas, su corazón a punto de explotar, y un frío terrorífico recorriendo su
espina dorsal.
Cuando pudo sentirse
consciente de nuevo, tenía de frente el rostro de aquella mujer, de cabello
negro como el suyo, piel extremadamente pálida, y ojos del color gris más
muerto que pudiera imaginarse.
???: Cariño,
cariño… por favor, vuelve.
Gwen se sintió
completamente inerte, sólo miraba hacia la mujer mientras se alejaba un poco
para hablar con el asesino de Luke. Ni siquiera era capaz de moverse.
???: Creo
que ese hombre era algo más que su subordinado.
Kurt: ¿Qué
vas a hacer con ella?
La mujer miró hacia el cielo, como buscando alguna respuesta, con una
expresión infantil en su cuerpo, y, tras un momento, volvió a hablar.
???: No
veo más opción que sacarla de su dolor, supongo que es lo menos que podemos
hacer… después de todo, se supone que iba a utilizar esto con quien fuera que
enviaran por el pobre diablo de Brown… pero, tendré que usar algo más especial
en ella.
La mujer cerro sus ojos y volvió a apuntar hacia el cielo con su rostro. Con los ojos cerrados, prosiguió con sus palabras.
???: ¿Sabes, Kurt? Es algo irónico cómo nuestras vidas y deseos se convierten en narrativa cuando se vuelven parte del pasado, todo esfuerzo y sentimiento que ponemos cada mañana al despertar, y cada acción que nace en nosotros hasta que vuelve a llegar la hora de dormir... la historia misma de nuestras vivencias… se convierte en un relato… un relato que puede ser frágil y modificarse, o ser fuerte y perdurar por miles de años… pero, al final, sabemos que está destinado a desaparecer.
???: A veces, la fragilidad de estas narrativas puede ser algo que nos atemorice o nos entristezca... o que nos alegre y haga pequeñas nuestras aflicciones... como en este caso, o eso espero.
La mujer se acercó a Gwen para mirarla fijamente. Sus ojos parecían
aclararse cada ves más, tornándose de un blanco brillante que comenzó incluso a
ser molesto, pero que no podía dejar de ver.
???: Oh…
vaya… tu hermana ha sido una chica muy mala, ¿no?... Supongo que eso era lo que
necesitábamos saber.
Por alguna razón, Gwen no sentía amenaza alguna con la mirada de la mujer,
quien ahora tomó sus manos en un gesto cálido.
???: Ahora,
vamos a tratar de sanar tus heridas ¿vale? Vamos… muéstrame.
El blanco brillante de la mirada de la mujer era lo único que importaba, el
resto del mundo no existía para Gwen.
???: Oh
no… dios, no.
La mirada de la mujer se manchó de llanto, como si sintiera un sufrimiento sin
igual.
???: Espero
algún día puedas perdonarme… por Luke… y por esto.
El blanco de la mirada de la mujer comenzó a hacerse incandescente, hasta
que su brillo acaparó todo lo que Gwen podía ver.
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