Parte 11: Eileen Bloom

Eileen Bloom.


Tres toques a la puerta, no podía ser cierto. Eileen estaba segura de que se sentía cansada aún, necesitaba un par de horas más para dormir. Podía ignorarlo, así que ni siquiera se molestó en abrir los ojos.

Otros tres toques a la puerta, ¿de verdad era urgente levantarse? Tampoco se molestó en abrir los ojos. La tercera ronda de tres toques a la puerta vino acompañada con un regaño disfrazado de recordatorio.

Rogers: Señorita Bloom, hoy tiene visitas, no lo olvide.

Eileen: Mierda.

Se decidió a abrir los ojos con pereza. Con su percepción limitada por la envoltura acogedora de las sábanas, lanzó un brazo hacia la mesa de noche que tenía a la izquierda de la cama, para buscar a tientas el reloj de oro que Jürgen le había regalado no hace mucho tiempo. Eran cerca de las 10 de la mañana.

Eileen: Mierda.

Casi como si implicara un dolor para su alma, se esforzó para alzar su torso y quedar sentada al borde de la cama, el placer de dormir le era comparable con muy pocas cosas, pero sus obligaciones se aproximaban.

Le tomó un par de minutos entrar en plena conciencia, tras lo cual se apuró a desnudarse y entrar en la ducha. El agua fría terminaría de prepararla para sus tareas del día. Diez minutos le tomó esta actividad, pues no tenía mucho más tiempo para desperdiciar.

Se vistió con la típica ropa de entrenamiento y estadía del Castillo. Botas y pantalón negros, y camisa oscura con el logo de la 44. Poner el logo de la decuria en cada acto de presencia que hicieran sus miembros había sido idea de Sven, idea que a ella le encantó. Se puso el reloj en la mano izquierda, tomó su daga de plata de la mesa de noche y se la enfundó, como todos los días. Un par de gotas de perfume y desodorantes, y estaría lista para salir.

Bajó las escaleras del ostentoso Castillo hasta llegar al comedor. La enorme mesa que lo caracterizaba se hallaba vacía, la señora Davies se disponía a servirle su desayuno. La mujer conocía de memoria los gustos de Eileen: huevos fritos, salchichas, tocino, cereales, leche, panqueques. Si bien el asentamiento del equipo en el Castillo de Sonne ya llevaba un tiempo considerable, aún no se acostumbraba a regresar a una vida de lujos similar a la de su infancia.

Señora Davies: Buenos días, señorita Bloom.

Eileen: Señora Davies, ya le he dicho que puede llamarme Eileen... ¿cómo amanece?

Señora Davies: Amanecí hace unas 5 horas, y muy bien. ¿Durmió usted bien?

Mientras Eileen reía del comentario de la ama de llaves, se disponía a seleccionar y poner en un enorme plato las opciones culinarias que se le presentaban.

Eileen: Espléndido, como todas las noches.

Se dispuso con gusto a devorar el desayuno, pero no llegó a una tercera parte de éste cuando escuchó el sonido de la puerta, que indicaba la entrada de Rogers. El mayordomo del Castillo avanzó desde aquella puerta del fondo para sentarse a su lado.

Rogers: Buenos días, señorita Bloom.

Eileen: Vamos, dime.

Si bien era necesario que Rogers le sirviera de alarma, la forma como el mayordomo tocaba la puerta e insistía nunca dejó de molestarle. Claramente, esto era un capricho estúpido, por lo cual lo único que podía hacer al respecto era expresar su mal humor.

Rogers: Tiene pendiente la reunión con los caballeros de Inteligencia, seguido de esto el cap-

Eileen: ¿Los?

Rogers: Así es, el coronel Bjeland vino con alguien más.

Esto sí le parecía inusual, los pocos contactos de la oficina de Inteligencia del Imperio limitaban al máximo las reuniones visibles con otras ramas del ejército, particularmente con mercenarios.

Eileen: ¿Te dio su nombre?

Rogers: No, señorita.

Eileen: Vale, continúa.

Rogers: Seguido de esto, está la supervisión del entrenamiento de la decuria. El capitán insistió en que esté presente en la prueba de la señorita Kolmogorov y en el entrenamiento que tendrá con la señorita Schloss.

Eileen pensó en Ruby, la niña la había acechado un par de veces. En tanto no había podido verla en acción en la toma de Sílica, asumía que mostraba curiosidad por sus dones. Y tal vez esta sería su oportunidad de verlos.

Eileen: ¿Algo más?

Rogers: Así es. El contador tiene 4 propuestas de inversión para la liquidez residual del último trimestre, y piensa mostrarle el balance general.

Eileen respondió torciendo sus ojos hacia arriba en señal de desprecio. Los asuntos contables y financieros de la decuria no se le daban mal, y por eso había sido asignada a tal rubro. Sin embargo, no dejaba de parecerle un asunto tedioso.

Eileen: Está bien, convócalo para la tarde... ¿Dónde están los muchachos de inteligencia?

Rogers: En la oficina del capitán, llevan esperando un tiempo.

Eileen le dedicó una sonrisa sarcástica al mayordomo.

Eileen: Que esperen un poco más.

Rogers: Algo más... ¿los va a recibir así?

Eileen: ¿Así cómo?

Rogers: La vestimenta.

Eileen: Señor Rogers, quienes vienen a mi casa son ellos... los recibiré como me plazca.

El mayordomo asintió para retirarse del comedor. Eileen se tomó un poco más de tiempo para terminar de comer y lavarse los dientes, tras lo cuál se dirigió al torreón donde se hallaba la oficina de Jürgen.

Frente al escritorio adornado se hallaban Bjeland y otro hombre, vestidos de traje formal, pero sin nada que indicara su afiliación militar. Inmediatamente notaron su presencia, se pusieron de pie para saludarla.

BjelandSeñorita Bloom. Buen día, es un placer saludarla.

El coronel se apresuró a tomar su mano derecha para besarla, sin dejar de mirar la métrica tatuada que se extendía desde su muñeca hasta la mitad del antebrazo. Eileen hallaba molesto que siempre hiciera lo mismo.

Eileen: Igualmente, coronel.

BjelandLe presento al coronel Clayton, de la Marina Real.

Se trataba de un hombre de mediana edad y cuerpo un tanto robusto, con algunas canas en su cabello castaño cortado muy al ras, quien optó por hacer el mismo gesto de Bjeland, con la misma fijación bizarra sobre su tatuaje.

Clayton: Es un placer conocerla, señorita Bloom. En Anglia hemos escuchado mucho sobre usted.

Eileen: Y no conocen ni la mitad... el placer es mío, coronel Clayton.

Eileen se dispuso a cruzar la habitación para ubicarse en el asiento del escritorio, mientras sus visitantes procedieron a sentarse bajo su indicación.

BjelandDebo decir que desde que compraron el Castillo de Sonne, ha venido tomando un estilo exquisito ¿debemos atribuirle a usted el logro?

Eileen: Tonterías... incluso ustedes tienen crédito en él, gran parte del pago corrió por cuenta de su gobierno.

Bjeland lanzo una risa nerviosa e intercambió miradas con Clayton.

Eileen: Y bien, señores... ¿qué los trae por aquí?

BjelandVarios asuntos, en realidad. Comencemos con Sílica.

Eileen: ¿Qué ocurre con Sílica?

Clayton: En realidad esperábamos poder contar con la presencia del capitán Brandt para tratar el tema.

Eileen: En cuanto a asuntos estructurales, Brandt y yo somos la misma persona, coronel. Entonces ¿De qué se trata?

Clayton puso una expresión de impotencia en su boca.

BjelandLa ocupación de Sílica fue un éxito, y con ello obtuvimos un desbalance significativo a nuestro favor.

Bjeland se puso de pie para señalar el enorme mapa continental colgado en la pared de la oficina.

BjelandAl norte, sólo nos queda la isla de Petit Bras y la península de Satie, por lo que sería un sector estratégico para una ofensiva frontal.

Eileen: ¿A qué se refiere? Eso ya es territorio galo, se supone que esta ofensiva sólo buscaba obtener colonias asignadas a los galos en el último Tratado.

BjelandEs cierto, pero es nuestro seguro. La respuesta franca es inminente, y será mejor aprovechar la ventaja de nuestra posición antes de que puedan causarnos daño.

Eileen se puso de pie y señaló la posición de Latinia, al oeste del reino galo.

Eileen: ¿Daño? Los francos tienen toda la extensión de las prefecturas latinas para preparar una contraofensiva o atacar por mar, sin mencionar su frontera directa con Germania. O el posible apoyo de algunas regiones de lo que queda del Rus del Este.

Clayton se dirigió al mapa, y señaló a la enorme isla de Anglia, al noroeste del continente.

Clayton: Ahí es donde entra Anglia... de escalar este conflicto, nuestras fuerzas obligarán a los galos a pelear en dos frentes.

Eileen: ¿De verdad? ¿En qué momento Anglia y Germania firmaron una alianza? No sé en qué momento ignoré algo tan importante.

Eileen miró con completa desconfianza a los militares.

Clayton: Por supuesto, eso no ha pasado. Pero la Familia Real ha expresado su intención de una alianza entre nuestras naciones, por eso estoy aquí.

Eileen: Si ese es su propósito, creo que se equivocó por unos cuantos kilómetros. Stadt der Lichter está por allá.

Eileen señaló sarcásticamente hacia el noroeste.

BjelandPor favor, señorita Bloom. Estamos conversando sobre nuestras opciones... Creemos que de la decuria 44 depende la total complacencia de Anglia para aliarse con Germania.

Eileen: ¿De verdad? ¿Y cómo va eso?

Clayton: La 44 se ha mostrado como la cara del poder militar germano en esta última guerra. Si ayudan al Imperio a afianzar completamente su posición en la carrera militar, podremos iniciar un mecanismo de cooperación con nuestros elegidos en Anglia, de tal forma que se asegure nuestra ventaja conjunta... incluso puede que no sea necesario un conflicto mayor con los galos.

BjelandAzraq puede ser un ejemplo.

Eileen: Haha... Entonces ¿se les salieron de control los beduinos?

Clayton: No necesariamente, pero significa una oportunidad demostrar la magnitud de nuestro poderío.

Inmediatamente, Eileen pensó en la propuesta que Jürgen recibió en aquella expedición accidental, pero por supuesto, no podía hablar de eso.

Eileen: No es su poderío, es nuestro... Señores, el contrato de la 44 con Germania se firmó explícitamente para la intervención en las colonias del sur. No tiene nada que ver con Oriente, mucho menos con una invasión continental.

Clayton: Señorita Bloom, le pido que reconsidere nuestra propuesta, el dinero no es problema.

Eileen: Coronel Bjeland, coronel Clayton. Nuestras operaciones se aprueban bajo un minucioso análisis de pros y contras para la decuria como una entidad particular y no nacional. Iniciar una guerra mundial, definitivamente, no está en nuestros planes.

BjelandTemo que lo que queremos evitar es una guerra mundial.

Bjeland extrajo una carpeta de la maleta que tenía recostada sobre la silla que ocupaba.

BjelandEl favor que Brandt hizo para nosotros en el Bosque Oscuro nos llevó a confirmar información crítica. Este expediente contiene una amplia lista de elegidos que han desaparecido del radar de los Centros de Acoplamiento que los entrenaron... No han sido vistos en mucho tiempo... Por ahora es un expediente amplio y sin mucha certidumbre, pero si algunos de esos nombres terminan aliándose con Galia, el conflicto tomará otro color.

El coronel entregó el expediente a Eileen, quien lo abrió para mirarlo sin la menor atención.

Eileen: Bueno, si eso pasa, supongo que todos deberíamos re evaluar nuestras opciones ¿no cree?

Bjeland expresó molestia en su rostro.

Eileen: Por lo pronto, sugiero que pidan ayuda el Barón Von Schwarzenberg con ese rastreo. Considérenlo como un consejo gratis. ¿Algo más?

Clayton y Bjeland se miraron sin saber qué hacer.

Eileen: Bueno... quedaremos atentos para discutir el resto del despliegue sobre las colonias, en tanto eso sí concierne a nuestras labores... El señor Rogers los asistirá en la salida, debo dejarlos, tengo asuntos pendientes para hoy.

Eileen lanzó con desinterés el expediente, el ruido que hizo al caer sobre el escritorio retumbó por toda la habitación.

Eileen: Fue un placer verlos, caballeros.

Hizo una pequeña venia y procedió a retirarse, tras un par de pasos, la voz de Clayton la detuvo.

Clayton: Señorita Bloom, Lord Harris envía saludos para su hija. Se pregunta cómo se encuentra.

Eileen se preguntó qué opinaría el viejo aristócrata de Férrea si supiera que estaba saliendo con un revoltoso natural como lo es Hugh.

Eileen: Claire se encuentra bien, cada día nos sorprende más con sus aportes al equipo... Con permiso.

Con los visitantes perplejos en su lugar. Eileen avanzó a través de la puerta con un poco de prisa, las habilidades de Kitty no estaban en discusión, pero seguía siendo necesaria su presencia, en caso de cualquier arrebato de Lana o Hugh.

Caminó unos cuantos minutos hasta salir del torreón y llegar a los establos. Tomó uno de los caballos ya ensillados y lo apuró para bajar la pendiente que soportaba la enorme estructura del Castillo de Sonne. Ahora se dirigía a los sitios de entrenamiento que ofrecía la enorme propiedad.

Ya en el pie de la loma, cabalgó con velocidad sutil hasta llegar a las barracas que había levantado Mark en medio de aquella planicie de pastos verdes y marrones.

Encontró a Sven en un redondel polvoso, poniéndose la portentosa armadura negra que Mark hizo para él. Bajó con presteza de la bestia.

Sven: Eileen, buen día.

Eileen: Buenos días, Sven. ¿Esa es la armadura de Mark?

Sven: Así es.

Eileen: ¿Cómo la sientes?

Sven: Ligera, soportable.

La cara del enorme chico nórdico no podía detallarse exactamente, en tanto tenía puesto el curioso yelmo. Se trataba de una armadura no exactamente medieval, Mark la había acoplado a su cuerpo, de tal forma que tuviera la mayor libertad posible para moverse. Sven comenzó a lanzar puños y patadas a la velocidad que siempre lo hacía, como si no tuviera nada puesto.

Ruby: No se ve para nada pesada ¿cierto?

Eileen: ¡Mierda!

La niña de hielo siempre lograba escabullirse y sorprenderla, no supo en qué momento apareció al lado suyo.

Eileen: Maldita sea, Ruby. Deja de hacer eso.

Sven se inclinó para hacer un salto. Se elevó increíblemente, a unos diez metros en el aire. Cuando volvió a caer, causó un estruendo significativo y dejó una especie de cráter en el piso. En efecto, la armadura era increíblemente pesada, y por ende, resistente. Sólo la fuerza de Sven era capaz de dominarla.

Ahora Sven les dio la espalda y empezó a agitar los brazos para hacer algún tipo de seña. Era obvio que el enorme número 44 en la espalda de la armadura era su idea, Eileen halló este detalle como excesivo. Ahora, él indicó pulgares arriba con ambas manos. Eileen no entendió esto.

Inmediatamente, un fuerte sonido cortó el aire, y un ruidoso impacto se escuchó en el lugar. Impacto que pareció tirar a Sven un poco hacia atrás. Cuando se volteó, una enorme bala residía aplastada exactamente en el centro de su pecho. Sven miró hacia su pecho e indicó aprobación ante los presentes. El impacto venía desde una de las estructuras de tiro que podían apreciarse en la lejanía.

Mark, que parecía llegar desde otra caseta, se fue acercando e hizo una seña con su mano. La bala se desprendió de la armadura de Sven, siendo atraída hacia la mano de Mark. Cuando llegó a ésta, ya había tomado su forma inicial.

Sven: Increíble ¡ni un rasguño!

Era cierto, Eileen se acercó a Sven y notó que el lugar donde impactó la bala no lucía ni la más pequeña abolladura.

Mark: Metal irregular de altísima densidad, lindo ¿no?

Mark era definitivamente el más viejo de los miembros de la decuria, la pipa que siempre portaba en su boca sólo amplificaba la percepción que sus canas causaban. Pero esto no era un problema, su dominio de los metales y minerales de la tierra eran una cuestión absurda, indispensable para el equipo.

Eileen: ¿Cuánto pesa esa cosa?

Mark: Muchísimo. Necesité probar la fuerza de Sven antes de decidirme por un grado de densidad manejable. Podríamos incrementarlo, pero a este nivel la armadura le es cómoda y prácticamente impenetrable... No quisiera ser quien se cruce con una de sus embestidas.

Otro sonido cortó el aire. Esta vez dos impactos desestabilizaron a Sven y lo tiraron al piso, tirando de una de sus piernas. Ruby y Mark rieron a carcajadas.

A Eileen también le pareció gracioso, pero decidió hacer señas para cortar con la diversión. Ruby intentó ayudar a Sven a levantarse, pero ignoró la composición de la armadura, y el halón que dio al brazo de Sven terminó por tirarla también al piso.

Eileen: Mark, vamos al campo de tiro.

Mark la siguió, al igual que Ruby tras limpiarse el polvo de sus ropas negras. Cruzaron hacia la caseta de la cual venía Mark. Allí estaba Lana arreglando los objetivos del campo de tiro. Había puesto en línea objetos de distintos tamaños y a diferentes alturas. Botellas, frutas, platos, blancos de metal.

En la estadía del campo de tiro se hallaban Hugh, y Claire sentada en su regazo. Tenían licor, Hierba, y muchísimo Polvo.

Eileen: Buenos días, muchachos.

El saludo de Eileen fue ignorado. Claire y Hugh se miraban fijamente, como si quisieran devorarse en aquel lugar. Claire tomó una mano de Hugh para acercarla a su mejilla.

Claire: Por favor.

Hugh: No.

Claire: Sí, por favooor.

Hugh: No, aquí no.

La chica de pelo castaño usó la mano de Hugh para golpearse en la mejilla.

Claire: Por favor.

Hugh la golpeó por su cuenta con un poco más de fuerza que la que ella usó. Claire, con las mejillas enrojecidas, se mordió el labio. Obviamente ignoraban la presencia de los demás, Lana los miraba con lasciva curiosidad.

Eileen: ¡Hey! Si gustan podemos irnos.

Hugh espabiló mientras Eileen se sentó con ellos. Mirando hacia el tazón de polvo, le habló a Claire.

Eileen: Dame.

Claire procedió a prepararle una enorme línea, y a entregarle una pajilla. Eileen esnifó sin parar.

De todas las sustancias, le encantaba la sensación de aceleración del Polvo, y más aún la percepción de éste dejando su sangre. Las condiciones de sus dones hacían que cada sustancia que probara dejara su cuerpo sin daño alguno, cada trago, cada cigarrillo, cada polvo, se sentían igual que la primera vez. Golpeó la mesa con entusiasmo.

Hugh: Mark ¿quieres un poco?

Mark: No, gracias.

Hugh: ¿Ruby?

Eileen: ¡No! ¡Ella no! ¡Tiene entrenamiento!

Hugh se divirtió con la euforia de Eileen. Quien bajó la amargura del polvo en su tracto nasal con un trago directo de la botella de whisky.

Eileen: Vale, que empiece.

Lana tomó una enorme sandía de un canasto, y la alzó con un brazo, tras ponerse al final de la línea de objetivos de tiro. Con la otra mano levantó su pulgar, igual que Sven momentos antes. Inmediatamente, comenzó una sucesión de disparos, que fueron derribando y destruyendo, uno por uno, cada objetivo puesto en el campo de tiro. Terminando con la sandía que sostenía Lana.

Mientras la chica rusa comenzó a lamer los restos de la fruta que quedaron esparcidos en su mano, Eileen se puso de pie para dirigirse al campo de tiro. Mark procedió a entregarle unos binoculares que llevaba colgando de su cuerpo.

En la lejanía, observó de cerca la estructura metálica que había levantado Mark, como una especie de edificio abierto. Allí encontró la pequeña figura rubia de Kitty, ondeando a lo alto un saludo, y una figura oscura un poco más grande, era Jürgen.

Eileen: ¿Dónde está Towers? Pensé que estaba con ellos.

Ruby: En el Castillo, meditando.

Eileen: ¿Cuánto tiempo piensa encerrarse a meditar?... Mark ¿qué tan lejos están?

Mark: 4,5 kilómetros.

Eileen: ¿Ese es el alcance máximo de tu arma?

Mark: Podemos ampliar la estabilidad del disparo a unos 7 kilómetros. Pero Kitty puede llegar más lejos, la vista y percepción del espacio de esa niña parecen no tener límites.

Eileen: Perfecto.

Mientras Eileen conversaba con Mark, no se percató del momento en que Lana tomó una manzana del cesto y se la puso en la cabeza. Cuando volteó para verla, captó el momento exacto en que una bala pulverizó la manzana, justo por encima de su cabeza.

Todos se echaron a reír, pero Eileen no lo halló gracioso esta vez. Esa era exactamente la razón por la que su presencia era necesaria en este tipo de ejercicios.

Eileen: ¡Mierda, Lana! ¿Estás bien?

Lana: Haha... perfecto, jefa.

Eileen: Diles que vuelvan, la prueba terminó.

Lana: Ekaterina, idi syuda.

Lana y Kitty eran las únicas gemelas de las cuáles podía decir que tenían una real telepatía, era un don que ni siquiera John Towers podía explicar.

Esperaron varios minutos, hasta que Jürgen y Kitty aparecieron en el campo de tiro, bajándose de un automóvil para terrenos difíciles. Ambos venían vestidos con el uniforme que llevaban los demás. Kitty tenía colgado a su espalda el enorme rifle que Mark construyó, al acercarse a Eileen, se lo quitó para sostenerlo contra el piso. Era enorme, más alto que ella, con una mira descomunal.

Eileen: ¿Y bien?

Kitty: Fácil de manejar, pero prefiero mi arco.

Eileen: Bueno... será tu nuevo juguete. ¿alguna objeción, capitán?

Jürgen: Para nada.

Eileen se acercó a Jürgen, para tomarlo del brazo y alejarlo un poco de los demás.

Eileen: Estábamos en lo cierto, pero Germania y Anglia no tienen mucha idea de los planes del Barón. Desconocen el número del grupo que está conformando... me entregaron un expediente con nombres, así que podemos partir de ahí.

Jürgen: Bien, podemos proceder.

Eileen: Insisten en que vayas a Azraq.

Jürgen: Pronto tendrán preocupaciones de más urgencia que Azraq, estoy seguro de eso... Por ahora, necesito que extraigas toda la información posible sobre nuestra amiga de la Marina Real, sin que los anglos se enteren.

Eileen: Vale... tal vez Hugh pueda ayudarnos con eso... ¿seguimos con Ruby?

Jürgen: Sí, te necesito muy atenta.

El capitán se dirigió hacia Ruby, y puso con algo de cariño una mano sobre el hombro de la pequeña chica.

Jürgen: Bien, es tu turno. Hoy inicia tu entrenamiento.

Jürgen la fue dirigiendo hacia el redondel donde estaba Sven. Eileen se pegó a ellos, pensó que algo de compañía le serviría para lo que venía. La chica empezó a sentir el ambiente extraño en las miradas de los demás.

Ruby: Pero si he estado entrenando desde hace semanas de la manera que me dijo.

Jürgen: Hoy comienza el verdadero entrenamiento.

Caminaron hasta ubicarse en el centro del redondel, Eileen se sentó en una mesa alrededor de éste, al igual que los demás. Sven ya se había quitado la armadura para observar el espectáculo.

Jürgen: Bien, Ruby. Escoge tu arma.

La niña le hizo una señal a Sven, quien procedió tomar una lanza de dos puntas, cuya longitud estaba por encima de la estatura de Ruby. Se la lanzó a las manos.

Jürgen: ¿Es el arma que mejor manejas?

Ruby inició con una secuencia de giros y maniobras con la lanza, hasta detenerse apuntando hacia el capitán.

Ruby: Así es.

Eileen captó la sonrisa de Lana y Kitty ante la demostración de la niña.

Jürgen: Tu Don es el frío. Lo cual indica que tu aura azulada es capaz de percibir de forma muy cercana las propiedades de la materia en el espacio y el tiempo... Esto quiere decir que tienes un altísimo potencial para el combate armado... lo único que tenemos que hacer es explotarlo.

Jürgen: Mi estilo es la danza espiral a dos manos, los movimientos que empleo realizan una constante interacción con el espacio de la batalla y los enemigos cercanos, de tal forma que los giros realizados me permiten abordar la forma más eficiente de atacar, defenderme y contraatacar... es una doctrina de años de práctica... en tu caso, debemos obtener esa eficiencia en menos tiempo.

Jürgen: Para lograrlo, vamos a apelar al sentido instintivo de aprendizaje y reacción de tu espíritu, vinculado estrictamente a tus Dones. Y eso sólo podremos obtenerlo haciéndote experimentar... eehmm... el máximo peligro posible en un combate... De esta forma, hallaremos el estilo con que exprimas al máximo tus habilidades en combates de muy rápida reacción. ¿Entiendes lo que digo?

Ruby: ¿O sea que va a pelear en serio?

Jürgen: Eehm... sí, algo así.

Ruby: Vale.

Jürgen: ¿Estás segura de esto?

Ruby: Sí.

Jürgen: ¿Segura?

Ruby: ¡Sí!

Jürgen: Mark, por favor.

Tras una señal del herrero, un par de espadas largas emergieron de la tierra en frente de Jürgen, quien las tomó y entró en posición de batalla. Esto acompañado del típico zumbido que causaba la corriente que ponía en sus armas.

Jürgen: Ataca con todas tus fuerzas.

Ruby llenó su lanza con una especie de capa de hielo, tal vez para hacer letal el filo de ésta. Inmediatamente corrió hacia Jürgen, y lo embistió con un salto. Las cortadas que lanzaba la niña eran técnicas y dirigidas con precisión. El intercambio que realizaba entre un filo y el otro mostraba una coordinación que hablaba muy bien de sus años en el Centro de Acoplamiento.

El choque de la lanza con las espadas de Jürgen era fiero. El capitán sólo se defendía, mientras la niña lo impulsaba a retroceder cada vez más rápido. Por un momento, Eileen pensó que Ruby de verdad tenía chance de hacerle al menos un rasguño, pero no podía estar más equivocada.

Justo cuando Ruby lo arrinconó hasta un límite del redondel, el capitán aceleró sus rechazos a los ataques de la niña. Y gradualmente su defensa pasó a ser un contraataque, para luego tener a Ruby retrocediendo ante él.

Jürgen lanzaba tajos y estocaba con cada vez más velocidad, hasta que Ruby prefirió no hacer más contacto con sus espadas, y se dedicó a esquivarlo y evitar sus embestidas. Así continuó la batalla, con la niña escapando por cualquier parte del redondel que podía abarcar. El limite de la batalla llegó cuando Jürgen lanzó una cortada y destruyó algo que parecía cristal, Ruby había puesto hielo en vez de su cuerpo.

Este método funcionó sólo una vez, pues en la siguiente embestida, Eileen vio como Jürgen giró con sus espadas sobre la humanidad de Ruby. El rápido giro fue sucedido con una patada que la lanzó contra una de las paredes de madera de aquella caseta, justo al lado de Eileen.

Eileen corrió a socorrerla entre los pedazos de madera que quedaron esparcidos tras el impacto. La encontró sangrando a cántaros, con una profunda cortada que recorría todo su torso en diagonal, su mano derecha y pie izquierdo no estaban. Habían sido rebanados como si se tratara de un pedazo de queso.

Eileen: ¡Mierda! ¡Tráiganme su mano y su pie! ¡rápido!

Ruby: ¡aaaagghhh! ¡aaaggghhh!

Mientras los demás corrieron en busca de las extremidades rebanadas, Eileen sacó su daga de plata. Se cortó la muñeca izquierda de forma vertical, hasta dos marcas sería suficiente.

Los gritos ahogados y la respiración cortada de Ruby indicaban que podría estarse ahogando en su propia sangre. El espíritu aguerrido de la princesa de hielo, como le llamaban Lana y Kitty, se había ido completamente. Sólo había una niña asustada agonizando, la batalla le había retornado toda su humanidad.

Eileen: ¡Linda! ¡Mirame!

Eileen le acercó su muñeca sangrante, mientras le levantaba la cabeza con el otro brazo.

Eileen: Bebe, rápido. Bebe.

Los primeros chorros de sangre cayeron en su boca de forma furtiva, luego entendería que debía beber la sangre, siempre pasaba de la misma forma.

Ruby: ¡aaaagghhh! ¡aaaggghhh!

Eileen: ¡Shhhh! ¡Shhhh! Bebe. ¡Shhhh! ¡Shhhh! ¡Shhhh!

La enorme cortada empezó a cerrar, mientras la respiración de Ruby empezó a normalizarse un poco. Sven y Mark llegaron con la mano y el pie, respectivamente.

Eileen: ¡Shhhh! ¡Shhhh! Pónganlos en su lugar ¡Shhhh! ¡Shhhh!

La mano y el pie fueron acomodándose donde pertenecían, mientras el cuerpo de Ruby recuperaba su normal funcionamiento. Tras unos minutos, Eileen logró cerrar por completo las heridas. Pero Ruby seguía en shock, sentada sobre un charco de sangre.

Jürgen se acercó lentamente, para inclinarse sobre la niña asustada. Le habló con una expresión de culpa y vergüenza en su rostro.

Jürgen: Lo siento, continuaremos mañana, si quieres hacerlo... lo siento.

Ruby no podía decir una sola palabra. Eileen procedió a apretar la cortada de su muñeca para que la herida que se hizo cerrara sola.

Eileen: Llévenla a descansar.

Mientras Jürgen se retiraba del lugar, Eileen decidió acompañarlo, dejando el cuidado de Ruby en manos de los demás.

Eileen: Se pondrá bien, así es la primera vez de todos.

Jürgen: Eso espero.

La expresión del capitán era distinta, no era usual denotar preocupación en su rostro.

Eileen: J-

Eileen no pudo captar el momento en que Jürgen se dio la vuelta y terminó con un pico de hielo en su mano, deteniéndolo a centímetros de su rostro.

Cuando Eileen miró hacia donde estaba Ruby, la encontró poniéndose de pie y respirando fuertemente, con una mano estirada hacia adelante, la mano que lanzó el pico de hielo.

Ruby: S-sigamos.


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